Arthena Origenes, servidor de Rol de Neverwinter Nights 1.
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El inicio del fin (Trama principal)

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El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 1:39 pm

Ante todo agradecer a DM Nana por este fantástico relato salido de su puño y letra, por las horas invertidas en esta historia y por hacer a todos los jugadores que una vez estuvieron con nosotros participes de ella. 
Gracias DM Nana por hacer una historia de todas nuestras fantasías, por dejar este enorme granito de arena en este gran servidor. 

El inicio del fin
En las laderas del destino, bajo la sima más profunda donde la oscuridad más fría y el silencio más agorero imperan reinantes, se oculta aletargado un enemigo ancestral y primitivo legado de la mano de un Dios, tan antiguo que cuyo propio nombre el tiempo ya olvidó. 

Sin embargo, las continuas luchas acaecidas en Arthena, y el lamento y la sangre derramada de inocentes a lo largo de la basta tierra, como el vino rojo, ha florecido como una rosa en la oscuridad de la sima, licuada a través de las capas de tierra, como un gorgoteo incansable, como una corriente mortecina. 

Vorzäak nombre por el que los antiguos conocían a esta bestia mágica, fue creado por los Dioses como el "pacificador", pues su único cometido es dar redención eterna a todas las razas de Arthena y crear un nuevo ciclo, un nuevo día, para devolverla a sus orígenes.

La bestia mágica, es un ser mitológico, de una inteligencia sobrenatural, capaz de adoptar cualquier forma y capaz de imitar a cualquier especie. 
Su amenaza es tal que tiene la capacidad de convocar a criaturas de la oscuridad, y de controlar a otras tantas criaturas moradoras de la superficie.

El llanto y el sufrimiento han despertado a Vorzäak, y el engranaje ha comenzado a funcionar. El tiempo para los habitantes de Arthena se ha agotado y el reloj de arena ha empezado a correr imparable.

Ha llegado la hora de olvidar fe, dogma o religión y luchar en un pacto tácito de hermandad por un futuro común, por un mañana, bajo una misma bandera que los une: el cielo de Arthena.

 
***
 
Desde Genn hasta Athoran, pasando por Svensgard, el viento cálido sopla cargado creando una atmósfera pesada y enrarecida. Los pájaros otrora cantarines sobre las copas frondosa de los árboles han partido en desbandada con graznidos en el ocaso de la tarde, migrando hacia tierras lejanas. Los animales se han vuelto hostiles, y retroceden hasta sus madrigueras asustados. 

Arthena parece quejarse en un lamento perpetuo, temblando, convulsionando y sacudiéndose en largos temblores presagio nefasto de lo que se avecina. La tierra como muestra de protesta se ha resquebrajado, abriendo simas profundas, hendiduras en las rocas. 
Los edificios de las Ciudades han dado buena cuenta de ello, pues demuestran pequeños derrumbamientos de los cimientos más débiles, y en aquellas edificaciones más sólidas, la crudeza de los temblores violentos han mellado las fachadas. 

El silencio como un alma maldita y errante recorre en las noches las calles angostas, los caminos, los bosques... no se oye nada, ya no hay algarabía de grillos, ni aullidos a la luna, ni el sonido del agua de un vivo riachuelo.

 
***


LA GUERRA DE LOS ESPEJOS
Los más de trescientos soldados athorianos permanecían a la expectativa bajo el ardiente sol del desierto, pertrechados con sus distintivas armaduras y bajo el estandarte de Athoran.
El Capitán Horus, secundado de su segundo al mando Zhad,  se dirigió a ellos cuando el momento hubo llegado, y alzando su poderosa voz, proclamó un discurso que enarboló a su Reina y su pueblo. Un  pequeño rumor comenzó a extenderse por las hileras de soldados dispuestos allí hasta que la aguerrida hueste alzó los aceros y los escudos, haciéndolos chocar unos contra otros, gritando sus "salves" hasta enronquecer.
Las ansias de guerra y sangre eran compartidas por  casi todo los presentes, y decididos, los soldados se pusieron en marcha a través del desierto bajo las órdenes del Capitán.
 
El comandante Falcón los esperaba al final de los desfiladeros. Saphiel le había ordenado que recorriera un pequeño tramo con ellos, para saber como era el ánimo de sus tropas, y que todo seguía conforme a sus deseos.
El comandante encontró a la Maga Jenna que llevaría el importante ritual y caminó un pequeño espacio con ella. Debía asegurarse de que sabía y era consciente de que la Reina había dispuesto sobre sus hombros una gran responsabilidad. Sin embargo la Maga argumentó que ella no había pedido tal responsabilidad.
Falcón la dejó que se adelantara sin decir nada más, pues no quería tensar más las cosas de las que ya estaban. Confiaba en que los Arcanos, la gran fuerza real de Athoran llevarían acabo la misión con éxito.
 
Los soldados llegaron a Nebin y los ciudadanos salieron entre gritos de ánimo y algarabías al encuentro de ellos. Los niños corrieron a su altura saludando a los grandes héroes, y las jovenzuelas alzaron sus faldas para también corretear hasta más allá de las gran muralla de la ciudad y generosas, lanzar flores y besos al aire a los valientes guerreros que iban a luchar contra su enemigo antagónico.
 
Sin embargo más de trescientos soldados no era algo fácil de ocultar, y los informadores al servicio de Genn informaron de que la hueste athoriana se había movilizado y avanzaba rápidamente.
Genan maldijo a Saphiel secretamente, y dio las directrices a los soldados.  Se dirigió a las puertas exteriores de la Ciudad amurallada de piedra grisácea, y fortifico las murallas y almenas con las mejores arqueras gennitas.
El patio se lleno pronto de ansiosos soldados que habían estado esperando la oportunidad de luchar en batalla contra Athoran, y ese momento como caido del cielo había llegado al fin. Esa guerra se recordaría solo para unos como un día glorioso.
 
Genan junto a sus hombres más destacados, Kendor el bárbaro, Wesh de la orden Radiante, Sonia, Dane el monje y los hermanos Derek y Blake el Dorado, dispusieron la estrategia militar y repartieron a los efectivos. A lo largo del patio se escucharon cánticos y rezos provenientes de las Sacerdotisas y Sacerdotes, letanías sacras que bendecían a las tropas y las infundían de valor.
 
La gran batalla estaba a punto de comenzar, una cruenta lucha donde el objetivo máximo era doblegar la voluntad con la vida del oponente.
 
Vivir o morir, luchar o rendirse.
 
Ni Athoran, ni Genn estaban dispuestas a ceder ante el impulso vertiginoso de la lucha, ante el ritmo impuesto por el acero, ante el desenlace de la sangre derramada.
 
***
 
 
 
Los poderosos arcanos, ubicados en un lugar apartado y apropiado, bajo el mando y supervisión de la Maga Jenna, se concentraron formando un conclave de cuatro creando un círculo de convocación cada uno.
 
El Mago nigromante Akram logró convocar a un poderoso Dracoliche, que logró dominar no sin esfuerzo y derroche de urdimbre. Aquella hazaña suscitó el asombro de sus compatriotas y compañeros de armas.
 
El Hechicero infernalista Eltharion, capaz de abrir las puertas del Baator, llamó a su señor, un majestuoso y dantesco Demonio del octavo escalón, que permitió al hechicero abrir las puertas del infierno para desatar a los demonios que moran allí y destruir Genn.
 
La Maga de Alto Rango Jenna miró a sus compañeros aguijoneada tal vez por el resentimiento o tal vez por los celos, pero no se quedó atrás y en un alarde saco con tranquilidad un libro mágico y con un cántico suave leyó las palabras impresas en el. Frente a ellos apareció un enorme y formidable demonio del octavo escalón. Sin embargo a diferencia de los anteriores, este al ver a su convocadora le hizo una respetuosa reverencia. Ella era la dueña y señora del Demonio poderoso que había sido llamado.
 
El Mago Aprendiz Szérdes observó con profunda admiración cada una de las convocaciones que habían sido creadas, y probó suerte, pues quería ser útil a la causa y a la guerra y con muchísimo esfuerzo abrió su círculo de convocación, del que trajo de otro plano a un precioso Slaad blanco como la nieve, que respondía directamente cada una de sus ordenes.
 
Los Arcanos habían formado un cuadro perfecto con el que conseguir su máxime objetivo, destruir la Ciudad de Genn. Tanto así, que montaron en sus destructivas monturas en dirección a la fortaleza en un alarde de superioridad.
 
***
 
 
 
Una avanzadilla de combatientes athorianos llevo la ofensiva hacia el pato exterior gennita gracias al hechicero semidragón azul Ankh que abrió un portal hendido en la roca y permitio subir hasta la ladera próxima a las murallas a sus compañeros.  
 
El fragor de la batalla comenzó en las puertas exteriores y athorianos y gennitas entraron en cruento combate dejando el campo de batalla muy pronto con los cadaveres de amigos y enemigos por igual.
 
La fuerza gennita se concentró en defender sus puertas y evitar así la entrada masiva del ejercito oponente, sin embargo, pocos podían sospechar lo que estaba realmente ocurriendo hasta que una sombra inmensa cegó por unos instantes el sol, y obligó a los guerreros a alzar la vista hacia el cielo.
Akram sobrevolaba el firmamento en dirección a la ciudad montado en el Dracoliche. La ciudad estaba siendo destruida mientras la mayoría de la fuerza del ejercito de Genn se había concentrado únicamente en contener a los athorianos.
 
Los demonios convocados asesinaron sin miramientos a casi toda la población civil y a la armada, sin distinción. Sesgando así la vida de madres, padres, hermanos y hijos, de linajes enteros destruidos.
Si esto no fuera poco el mago Akram había convocado una horda de No muertos que incrementaron hasta cotas insospechadas el caos y la confusión ya reinantes en la condenada ciudad.
La ciudad crepitaba en llamas, en un grotesco paisaje de muros y edificios derruidos, y un ambiente en el que imperaba el hedor de la carne calcinada, y la sangre derramada... sin más consuelo que el llanto lastimero de aquellos que habían perdido algo más importante que cimientos.
 
Sin embargo, algo, más antiguo que la propia tierra, primitivo y ancestral, sonreía en la oscuridad observando desde un lugar privilegiado el caos y la destrucción que asolaba Genn. Sus grandes ojos ambarinos brillaban en la penumbra de su anonimato y se procuró observar todo lo que iba a pasar desde ese entonces, pues él ya había sido convocado y el reloj, exacto como puntual, marcaba las pautas de un desenlace impuesto por los Dioses... Sí, sonreía en secreto pues pronto la sorpresa se marcaría en los rostros de los seres pobladores de Arthena.
 
Un potal se abrió en medio de la Ciudad de Genn. Parecía un espejo grande y ovalado, enmarcado por fuegos fatuos. Por un lado se podía ver la Ciudad de Genn arder destruida, y por el otro podías observar la Ciudad de Athoran destruida de la misma forma. Una era el vivo reflejo de la otra.
 
Lo que a Genn había sido dado, a Athoran había sido devuelto, como el reflejo de una imagen en un espejo.
 
Tras él mágico óbice apareció un Arcano de Batalla de Alto Rango que gritó colérico:
 
-¿¡Qué habéis hecho insensatos?! ¡Retornad a Athoran, estamos siendo atacados por Demonios del Baator!. ¡Corred, vuestra Reina no resistirá mucho más!
 
 
Los Demonios y demás criaturas del averno controladas por los hechiceros y magos en un momento dado, miraron hacia el firmamento casi al unísono, zanjando así la destrucción que estaban llevando acabo. Y aunque los arcanos sorprendidos intentaron volver a controlarlos, algo se interponía entre ellos y sus convocaciones demoníacas. Algo mucho más fuerte, más poderoso, más oscuro y enrevesado.
 
El tiempo pareció detenerse, y los combatientes muertos fueron arrancados de las garras de la muerte, retornado a la vida. El campo de batalla, antes teñido de rojo carmesí se llenaba de los soldados de ambas naciones desconcertados y desorientados.
 
Sin embargo, los civiles que habían perecido seguían sembrando la verde hierba de Genn y la arena cálida del desierto de Athoran con sus cadáveres mutilados y maltrechos, como muestra del resultado de la guerra.
 
Cada uno de los athorianos recapitularon a través del portal mágico y encontraron la misma situación que en Genn. Una réplica de sus Demonios estaba en la ciudad, quietos, mirando el firmamento, como si algo les hablara, o les cantara una cantinela que los mantenía hechizados, aparentemente serenos.
 
Ante el desconcierto nadie sabía que hacer, o como reaccionar.
 
¿Qué había pasado? ¿Por qué? ¿Quién?.
 
Y los Demonios y demás criaturas alzaron el vuelo abandonando la tierra maldita de los hombres, elfos, y enanos, en dirección hacia la Ciudad Mercantil.
 
***

En el templo de Helmo una luz irradiaba el lugar, iluminándolo con una calidez extraña. Sus paredes de piedra grisácea habían adquiriendo un tono casi dorado confiriéndole un aspecto místico en lo alto de la colina, lugar donde se encontraba emplazado.
 
Una partida de cada una de las naciones destruidas siguió la estela que habían tomado los demonios y a los pies de la ladera, se re encontraron. Sin embargo, y aunque las rencillas y asperezas de décadas son difíciles de limar, todos subieron la ladera dejando a un lado las diferencias que los habían llevado a mantener una guerra casi eterna.
 
Las puertas del templo se abrieron de par en par lentamente, con ritmo pesado, dando la bienvenida a los congregados e invitándolos a pasar a su interior.
Aunque dubitativos todos entraron en el tranquilo templo y observaron curiosos el secreto que contenía sus paredes.
 
Una mujer de belleza clásica y serena, rodeada de Balors, Demonios y un Draco Liche sonreía burlona mirándolos a todos con dos grandes ojos ambarinos mientras bordaba suavemente en su telar. Poeseía una apariencia casi etérea, y un suave haz de luz la rodeaba. Ese aura no era ni benigna ni maligna, sin embargo bajo la piel de cada presente un impulso de conocimiento corría por sus venas notando la divinidad en el porte de la extraña mujer y la altivez en sus gestos propias de un enviado divino.
 
- Así que... habéis logrado encontrarme.. - Rió y al hacerlo el sonido era como un tintineo de unas campanillas -. ¿Venís a por respuestas? ¿A preguntar un por qué? 
Tal vez no os agrade lo que vais a oír... me temo que os voy a decepcionar.

 
La voz de la hermosa mujer parecía resonar como en un recipiente hermético. Su hermosa voz era lenta, pesada. Parecía arrastrar las palabras.
 
-Cuando los hijos de la Triada estén presente hallaréis las respuestas que habéis venido a buscar... Ahora partid...- Los despidió lánguidamente con la mano y siguió con sus puntadas a la labor.
 
Los presentes se movieron incómodos preguntándose quienes eran los hijos de esa Triada, pero el monje gennita, Dane, dijo sabiamente que eran los representantes de las tres naciones. Sin embargo solo había presente en aquel concilio improvisado las naciones derrotadas en la guerra, nadie de Svensgard estaba presente.
De pronto, por la arcada del templo apareció un elfo. No era nada más ni nada menos que Thraluril-ull, Archimago de Svensgard.
 
- Aquí estoy.
 
Si bien Svensgard siguiendo su neutralidad no había sido participe en el eterno conflicto de estas dos naciones, estaba al tanto de los últimos acontecimientos que estaba sufriendo Arthena. Y a la vista de los resultados de la cruenta guerra y el avistamiento de los Demonios, Svensgard se había movilizado para investigar los sucesos acaecidos.
 
La mujer miró con una suave sonrisa a los presente y los invitó a sentarse. Con paciencia y con un poco de persuación efectiva, todos y cada uno de ellos fue sentandose.
Saphiel por su parte escrudriñó desde una pila de agua previamente hechizada lo que acontecía entre los muros del Templo, y Genan recibió de Tyr la visión de aquel momento.
 
- ¿Qué ha pasado para que me vengáis a buscar? ¿Tal vez os hayáis visto reflejados al otro lado del cristal? ... ah, sí... desde luego que sí....-Divagaba mientras daba puntadas a la labor-  Ojo por ojo y diente por diente.
 
-Esta historia, comienza como todas las historias, en un lugar olvidado, en un tiempo remoto... 
¿No habéis oído el lamento? La Madre llora porque sus hijos desprecian la vida que ella les otorgó, y a su seno retornados, coronados con lirios blancos han regresado a la tierra. Sangre inocente se ha derramado. Linajes han sido extinguidos, familias han perecido por una absurda guerra que ya dura demasiado tiempo. 
La sangre me ha despertado. Yo estaba aletargado, dormía plácidamente mi sueño imperecedero.... 

Hace muchos siglos los Dioses me crearon. Hace tanto tiempo que casi he olvidado mi nombre... creo que los "antiguos" me llamaban Vorzäak. 
¡Oh! Ya no recordaba como era Arthena. Mi Arthena amada, he vuelto para darle redención, para redimiros a todos de vuestros pecados, porque yo soy el pacificador de esta tierra, el purificador de todas las razas, y como una bendición borraré y aniquilaré la vida que castiga a la Madre, que sufre y llora por sus hijos..... 

Pero no temáis hijos de Arthena, aun os resta tiempo para despediros de vuestros seres queridos, porque de cualquier forma estáis condenados, es inevitable, pues yo ya he despertado...

 
La figura de la extraña mujer comenzó a desvanecerse mientras una oscuridad se cernía sobre los presente, una oscuridad que helaba los hueso, poniéndolos alerta, enervándole los sentidos. Y la voz suave de la mujer se transformó en una voz casi metálica, profundamente perturbadora, grave y masculina
 
-Tenéis un año hasta que Arthena termine su metamorfosis. Solo entonces llegaré yo, y os daré paz y descanso eternos para que Arthena retorne a sus orígenes. 
Recordadlo.... un año. En el solsticio de verano, cuando la segunda luna aparezca en el firmamento, Vorzäak comenzará su cruzada. 

"un año.... un año.... un año...."

 
Y la voz desapareció mecida en el viento, con un arrullo, como un eco tardío, la palabras se repetían una y otra vez pero ya no en un crescendo....
 
By: DM Nana


Última edición por Dm_Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 2:10 pm, editado 1 vez
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Re: El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 1:45 pm

El llamamiento de Svensgard
 
 
 
Escena Primera: Una visión de Desesperación.
 
La maleza en Svensgard había empezado a crecer, la mala hierba, las hiedras y las zarzas puntiagudas comenzaban a escalar y abrir la empalizada de madera que era el gran portón de la ciudad hasta lograr destrozarla y hacerla añicos.
Svensgard se convertía así en un amasijo de enredaderas de espino, cuyas púas eran altamente venenosas, y todo aquel que recibía su fatal picada quedaba aletargado en un estado catatónico que lo sumía en un largo sopor.
 
Los pájaros graznaban y volaban abatidos, y los animales habían comenzado a comportarse de forma violenta. Algunos incluso se habían atrevido a atravesar las puertas del asentamiento dispuestos a atacar a lo que ellos veían ahora como sus enemigos. Ya no había forma de comunicarse con ellos, y la paz que reinaba en otro tiempo en sus bosques había dado paso a un caos que gobierna con mano de hierro.
 
La situación se había tornado insostenible para el pueblo de Svensgard lo que obliga al círculo druídico a mantener una reunión con el máxime objetivo de que una campaña investigue los sucesos acaecidos y el restablecimiento del equilibrio natural perdidos.
 
Ante tan graves acontecimientos, cuyas noticias fluyen por toda Arthena como el rumor de las olas, los altos dignatarios de los Reinos de Athoran y Genn envían a una representación para que preste ayuda a Svensgard por razones meramente egoístas, buscando el posterior apoyo en el eterno conflicto.
 
 
Escena Segunda: Una Quimera y Una Razón
 
Frente a lo que quedaba de empalizada, Zax y Dietrich se quedaron sorprendidos ante el cuadro que se les presentaban antes sus ojos. Una gran zarza de espinos, enrevesada y tan gruesa como el tronco de un robusto árbol campaba a sus anchas por todo el asentamiento.
Tras ellos, Dane, el monje de Genn y Sombra, observaban con la misma expresión aquel fenómeno de la naturaleza.
 
Una melodía alegre los sacó de su ensimismamiento y los obligó a alzar el rostro hacía la colina contigua a lo que quedaba de empalizada.
Damdil, un joven trovador, junto a la pareja de bárbaros Ethranion y su esposa, tocaba alegremente mientras esperaban a los que debían llegar para prestarles ayuda.
 
Los tres integrantes del asentamiento se reunieron con los recién llegados y les indicaron que les siguieran. El camino que tomaron estaba despejado de maleza hasta desembocar en un luminoso claro de bosque, lugar emplazado para la reunión.
 
Allí, les esperaba el viejo Svensgard, el archidruida, junto a otros svensgarianos que asistían a la reunión. Este al verlos llegar los recibió con una amable sonrisa y les invitó a sentarse.
Cuando todos estuvieron sentados y se aseguró de que les prestaban la debida atención comenzó a hablar.
 
- Hermanos, son tiempos aciagos por los que atraviesa nuestro pueblo. La Madre se ha revelado contra nosotros, que siempre hemos cuidado de sus hijos y de sus bosques. 
Pero parece ser, que no saldremos indemnes de los pecados de los athorianos y gennitas, y somos castigados con la misma rudeza propia de los culpables.

 
Los visitantes de ambas naciones no se inmutaron ante la alusión.
 
- Nuestra neutralidad se ha visto afectada y ha sido rota, y es parte de nuestra responsabilidad restablecer ese equilibrio perdido.
Ya no nos oyen los animales, ya no canta el viento y el silencio ha sido el sucesor a todos los sonidos que nos regalaba La Madre.

- Es hora de que arreglemos nuestros propios asuntos, los que atañen a nuestro pueblo. El resto que los culpables sean quienes pongan en orden y soporten las consecuencias de sus acciones. 

- Debéis partir, pues al norte del bosque de Svensgard he podido oír un pequeño lamento. Los batidores no saben que puede ser, pero oyen en el silencio sepulcral en el que están inmersos nuestros bosques y valles, a una joven mujer, tal vez una niña que llora. 

- Algunos aseguran que es la propia Madre la que trae el lamento, pero ya hemos visto como la Madre expresa su tristeza, como se parte en dos, como su corazón muestra su dolor. 

- Ahora marchad, y traed la solución a nuestro pueblo, pues este de lo contrario será engullido por el bosque, y quedará para siempre en el olvido.

 
Todos los presentes se levantaron y comenzaron a pertrecharse para comenzar el viaje.
Sin embargo, a la salida del claro, los sorprendió que las enredaderas espinosas les hubiera cerrado el camino, convirtiéndose en un amasijo de tóxica maleza.
 
La campaña no se amedrantó y desenvainó los aceros para abrirse paso, sin embargo, cuanto más cortaban, más maleza salía, convulsionando como si respondiera a los latidos de un corazón vivo.
 
Al adentrarse entre ellas estas comenzaron a retorcerse y se deslizaron vertiginosamente sobre la hierba en una búsqueda frenética de los desdichados que se habían atrevido a pisar su ramaje.
 
Todos tuvieron que hacer un gran esfuerzo para zafarse de su fatal abrazo, sin embargo, antes de que llegaran al lugar emplazado para la reunión, la mujer del bárbaro quedó fuertemente asida por la enredadera. Estaba sujeta por las extremidades y el cuello, y cuanto más intentaban ayudar sus compañeros, la planta como si de inteligencia estuviese dotaba, más presionaba a su víctima.
 
Pronto otros compañeros corrieron la misma suerte, y uno a uno fueron quedando enredados entre sus peligrosas púas.
Pero el ingenio de Zax salvó a los integrantes de la campaña, pues con mucho acierto, prendió un tronco con fuego y lo aplicó a la enorme enredadera, que se encogió y retrocedió, cuando sintió el fuego crepitar en sus propios apéndices.
Si hubiera podido gritar, de seguro la planta hubiera soltado un amargo alarido.
 
 
***
 
 
 
Por el camino del bosque de Svensgard, una suave melodía era arrastrada por el viento, mecida hasta los oídos del grupo que seguía la melodía por los senderos en dirección norte...
Todo era muy confuso, tanto que llegó un momento en que non sabían exactamente de donde provenía el llanto, que luego terminaba en melodía.
 
 
El clérigo Kale y un Mago, ambos de Athoran, enviados por la Reina Saphiel se unieron al viaje en último momento. Gracias a ellos, pudieron dar con la respuesta a su confusión, pues no podían encontrar la procedencia del llanto y la melodía ya que provenía de otro plano al que había que acceder a través de una puerta dimensional que el Mago se encargo de preparar.
 
 
La campaña pasó a través del portal con escepticismo y con cautela, no sabían que se iban a encontrar al otro lado, y por eso, muchos de ellos desenvainaron sus aceros dispuestos a defenderse de lo que allí habitara, sin embargo, lo que encontraron al otro lado distaba mucho de lo que hubieran esperado, porque un paisaje hermoso lleno de una gran belleza sublime se describía ante sus ojos.
 
Era de esa clase de belleza que transmite paz y armonía.
 
Pero el llanto los devolvió a la realidad y tras girarse para ver de quien era el llanto lastimero, se encontraron con un árbol grande, seco y marchito, de escaso follaje, donde en una de sus lánguidas ramas una pequeña y hermosa Driada descansaba sentada, con las mejillas aun sonrosadas bañadas de lágrimas como si fueran cuentas de cristal.
 
La Driada se levantó de su rama cuando se dio cuenta de que no estaba sola, y con una mirada de esperanza renovada sonrió a los viajeros.
 
- ¡Habéis venido!... escuchasteis mis lamentos. ¿Venís a ayudarnos?... ¡Oh, sí, sí, no me equivocaba! Sois los guardianes de la naturaleza y el equilibrio. ¡Sois vosotros!
 
El grupo se miró, y los sevensgarianos se adelantaron pues era a ellos a los que atañía.
 
 
-Nos estamos muriendo.... Mirad nuestros árboles, sin ellos no viviremos, y morirá todo lo mágico en Arthena. Somos la fantasía, las quimeras de los cuentos... pero sin nosotras los árboles de vuestros bosques morirán, y los animales con ellos.
 
- La Madre Tierra está cambiando y castiga a todos por igual. Algo se ha roto en la secuencia natural, y ya no existe amor entre las razas de vuestro mundo. 
A los ojos de ella, sois todos razas malignas... aunque vosotros... Sí, vosotros también habéis fallado. Pero no es tarde.

 
La mirada de la Driada se volvió nerviosa, como si alguien la fuera a escuchar, y con un ágil saltito bajó a la rama más próxima del grupo, como aquel que va a rendir confesión.
 
-Yo sé un secreto que solo vosotros podéis escuchar... No todo está perdido, pues sois la llave a un mañana. Solo vuestro pueblo puede hacerlo, habéis sido los elegidos, aunque tendréis que aceptar grandes retos. Ella lo sabe, la que vive en el inframundo. – Dijo apretándose las manos, para luego poner un dedito en sus labios reclamando un silencio, un secreto confeso.

-No permitáis que Vorzäak se entere, aunque es probable que ya lo sepa....

 
De pronto su mirada se alzó al cielo, a un punto inconcreto, y con una rapidez pasmosa, volvió a la lánguida rama más alta del crepito árbol, como para resguardarse o protegerse.
 
-¡Os ha visto! Corred, y buscadla, buscad a la bruja del inframundo....
 
-Ya viene, ya viene.....
 
 
Escena Tercera: El Juego de Vorzäak
 
Tras traspasar la puerta dimensional hacia su propio plano de existencia, todos comprobaron que el cielo había adquirido un tono negruzco, carente de estrellas, en cuya noche repentina se había desatado una cruda tormenta y donde los imprevisibles rayos caían por doquier.
Aquello los obligó a correr endemoniadamente y ha sortear las descargas mortales, en búsqueda de donde guarecerse y salvar sus vidas.
 
Muchos tuvieron que ser asistidos, o cargados en la huida de aquel fenómeno extraño hasta una gruta cercana. Aquel fenómeno pronto cobró sentido cuando una risa grave se oyó entremezclada entre los chasquidos relampagueantes de la tormenta.
 
Exhaustos, dentro de la cueva, la tormenta que tan pronto había comenzado cesó de pronto, dando paso a un brillante sol, y un cielo azul celeste.
Con precaución, asomaron las cabezas, y la noche volvió a crecer, y la tormenta volvió a sucederse, concentrando los rayos en la misma entrada de la cueva.
 
A todos les quedaba claro, que Vorzäak estaba jugando a algún tipo de juego, en donde ellos eran las piezas de un improvisado tablero, Arthena.
 
 
 
En la cueva hacía un frío inusitado, tanto que se calaba en los huesos. Una especie de presencia se podía sentir, una presencia que acechaba desde su anonimato. Aquella situación enervaba los sentidos, tanto que incomodaba a todos los presente.
 
Un temblor sacudió violentamente la cueva haciendo que se resquebrajara de cabo a rabo. La entrada quedó taponada por un conjunto de grandes riscos y piedras que no dejaban filtrar la menor luz, y el camino habia sido cortado por otro derrumbe de piedras, engullendo el espacio al que habían quedado relegados en la más oscura negrura.
 
Sin embargo, en esa oscuridad por unos segundos todos puedieron apreciar un par de grandes ojos ambarinos que les miraban...luego se difumino la imagen en aquella oscuridad.
No se oía nada, más que la respiración agitada de los compañeros.
 
Otro temblor sacudió violentamente la cueva ocasionando el desprendimiento de parte del techo.
 
El suelo comenzó a tomar una temperatura caliente, y un calor sofocante empieza a condensarse en el espacio de la cueva. Hacía tanto calor que les cuesta respirar.
 
Bajo algunas piedras que ahora formaban parte del suelo se podian ver algunos trozos brillantes, como impresos en lava candente.
 
Tras angustiosos momentos, descubrieron un basto relieve en donde se distinguia una palabra que a priori parecia inteligible y el hueco perfecto para encajar la palma de una mano hendido en la piedra.
 
Los compañeros se afanaron por desentrañar el acertijo y una vez y otra se repiten
 
"Leacimonseátsámaaboj"
 
"¡soleuqeilojsenátaíuq!"
 
Dane se quedó pensativo, y miró a la mujer del pueblo bárbaro que peleaba por hendir su mano en la forma hendida en la roca.
De pronto, grito.
 
- El Camino está más abajo

- ¡Los que elijo están aquí!

 
Y el suelo se abrió bajo sus pies, haciéndolos caer en una especie de vorágine oscura y negra, en donde el final no parecia tener cabida, y sus cuerpos flotaban para caer de nuevo abruptamente sobre el suelo, sin embargo, la fatal caída no tuvo consecuencias.
 
El paisaje era extraño, en medio de ninguna parte., en un ambiente viciado, con un olor característico que inundaba el lugar. Era un lugar desolado, triste, sumido en la penumbra más agorera, pero extraño a los ojos de los nuevos visitantes.
La tierra parecía inerte y baldía, simas, valles, montañas, con el mismo color parduzco.
Una leve corriente soplaba, era una corriente cálida, casi fresca después del anterior suceso que resultaba ser como un bálsamo refrescante para la campaña que estaba exhausta y cansada.
 
De pronto una nube de humo se arremolinó frente a ellos, donde poco a poco fue tomando nitidez una extraña criatura desconocida. Sin embargo hay algo que resultó vagamente familiar para todos, dos grandes ojos ambarinos.
 
Una extraña criatura grotesca se materializó. Con un gesto extraño miró a cada uno de los presente como analizándolos y evaluándolos.
 
- Así que... habéis completado mi juego satisfactoriamente - Rió grotescamente, con un sonido hueco, un sonido que parecio retumbar dentro de la cabeza.

-Veo que los elegidos sois muy tercos... y habéis hecho caso a esas molestas Driadas... Realmente pensáis que habrá una solución. Pero me temo que os han engañado, y no hay que se pueda hacer pues yo estoy despierto y esa es una verdad innegable. 

-¿Acaso Arthena se merece el perdón? Lleváis años matando a inocentes, haciendo caso omiso al llanto vecino, al dolor de la Madre... Vosotros habéis fallado también y no hay ningún motivo, ni ninguna razón que me impida acabar ahora mismo con todo y devolver al mundo a sus orígenes. 

-... Los Dioses solo pueden pararme, pero dudo que lo hagan cuando han permitido que su creación más antigua y destructora despierte de su letargo.

-No creáis que no se que venís a ver a la bruja...-Volvió a reír-... La pobre loca no os dará ninguna solución a vuestro problema. Os engañará, os liará en su telar mágico y creará ilusiones malditas en vuestra mente que os harán desear la muerte...Volved a vuestro hogar y despediros de los vuestros... El reloj de arena corre imparable, y con ello vuestra vida expirará.

 
 


Escena Cuarta: Una prueba Viviente



La nube de humo se arremolinó a los pies de Vorzäak y desapareció difuminado en el paisaje estéril.
De pronto un camino se abrió ante los ojos de los compañeros y aparece un pequeño sendero que conduce hacia lo alto de una colina, en la que ubicada adecuadamente hay una pequeña casita de adobe y madera con una amplia chimenea de la que sale humo.
 
En la pequeña estancia frente a la lumbre del hogar, una pequeña anciana, achacosa y encorvada se encontraba sentada frente a una mesita redonda. Estaba de espalda a los recién llegados escudriñando lo que parece una bola de cristal.
 
- Bienvenidos a mi humilde hogar hijos de la tierra. - Su voz senil y temblorosa parecía amable y sin ápice de hostilidad.

-Pero nos os quedéis ahí.., vamos, pasad, pasad...-Los apremió-... Hace décadas que nadie venía a mi humilde hogar de visita.

 
La anciana tenía apariencia humana, de piel arrugada, y desdentada. Sin embargo lo que más lalaba la atención era que sus ojos estaban completamente blancos, como aquellas personas que han sido privadas de la visión, es decir, ciegas.
 
- Por favor, sentaos... sentaos.... Ya sé que venís de lejos y estáis cansados... ¿Os apetece algo de comer? ¿Tal vez algo de beber?....
 
Sus manos se movieron en el aire rítmicamente, como si cada movimiento estuviese estudiado perfectamente y tras completar el hechizo, apareció una mesa larga y ovalada, con unos mullidos sillones forrados de esponjoso cojín rojo.
La mesa estaba engalanada, con sus candelabros dorados, su mantelería y cubertería fina y elegante, y los más exquisitos manjares que jamás se hubieran visto. El olor era tentador, y el aspecto, glorioso.
No había nada en esa mesa que no los tentara, pues era bien cierto que estaban muy cansados, y también era cierto que estaban muy hambrientos... la comida en ese estado debía saber a ambrosía.
 
 
Algunos compañeros no aguantaron la tentación y sucumbieron al poder de satisfacer las necesidades. Comieron con ganas y bebieron hasta saciarse. Todos y cada uno de ellos fueron cayendo como moscas sobre la mesa, y aunque sonreían, parecían haber abandonado el mundo de los vivos.
 
Los que no habían probado bocado, desenvainaron dispuestos a defenderse de la amenaza en la que se acababa de convertir la anciana, pero esta lejos de amedrentarse sonrió y añadió rápidamente.
 
-Tranquilos, vuestros compañeros solo están durmiendo. Han sido llevados a un sueño placentero, reparador y lleno de esperanza... porque ha eso habéis venido ¿no? A buscar esperanza.

- A pesar de lo que diga esa criatura, existe esperanza siempre, pues como en todas las cosas de este mundo, y los otros, una cosa no existe sin la otra. La luz y la oscuridad, el mal y el bien, la muerte y la vida... la desesperanza y la esperanza. 

-¿Qué os ha contado? No me ha permitido ver ni oir sus palabras pues su poder es superior al mio, pero el sabe que yo sé que los Dioses no os han abandonado, aun creen en vosotros y es por eso que ninguno de sus creyentes han perdido sus dones divinos. 
Pero decidme, que os ha dicho....

 
Todos se miraron, no sabían si debían facilitar información a la desconocida, pero las circunstancias los habían llevado hasta allí, y se encontraban perdidos, sin saber como regresar a casa, por lo que le acabaron contando la aventura.
 
La risa de la anciana llenó el lugar.
 
- Me temo que ha jugado con vosotros para que desistieseis de vuestro largo viaje.
 
Apuntó la anciana mientras sacaba unas cartas con unos símbolos raros, y apartaba a un lado la bola. Barajó rápidamente las cartas y mirando a un punto inconcreto debido a su ceguera, fue señalando una a una las cartas que dejaba sobre la mesa.
 
- Habéis sido condenados al peor castigo que los hijos de Arthena pueden obtener, pues el odio profundo ha sido pagado con una moneda pura e inocente. Y aquellos que nada tenían que ver han sembrado los campos de llanto y dolor, con sus vidas sesgadas por la barbarie... inocentes que aun no habían dado ni si quiera sus primeros pasos.
La sangre desperto a la bestia y con ella vuestro final…. Pero esto ya lo sabéis hasta la saciedad, es parte de vuestro castigo.

-Pero no todo está perdido, pues vosotros, hijos de la Madre, hijos del bosque, habéis sido bendecidos con el don, y sois portadores de la esperanza 
de Arthena... – Se quedó un momento callada y miró a Dietrich directamente.


-Athoran y Genn condenaron al mundo por su infinito odio, por sus crímenes... Él os ha dicho que no existe ninguna razón para perdonaros la vida, sin embargo... MIENTE... 

- Existe una prueba viviente del amor entre esas dos naciones. Buscad la prueba y traedla ante mí... pero las dos brujas no os dejarán... La mayor es la más peligrosa y más inestable. Es una Nigromante que ya sabe que tiene en su poder algo importante, pero aun no ha descubierto hasta que punto. No os fiéis de ella, su lengua viperina es afilada como el mejor acero templado, y no vacilará en eliminar a aquel que se interponga en sus planes. 

-La otra bruja es la dueña de la prueba viviente, es orgullosa, altanera pero no se separará de la prueba... Andaos con ojo también con ella, porque es una bruja poderosa de un linaje ancestral. Medid bien las palabras con ellas porque de eso dependerá que se desate o no otra guerra y esta vez estaréis involucrados.... 

-Ahora debéis marchar, cuando tengáis la prueba traedla ante mi, os diré más cosas cuando la tenga en mis manos… pues existe una segunda prueba, pero eso, eso es otra historia.

 

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Re: El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 1:49 pm

El Beso de la Araña
 
 
 
Eilixys se giró dando la espalda a Izk, ya había dicho más de lo que estaba dispuesta a admitir, y este la miró alejarse sin interponer impedimento alguno. Después de todo era una hembra, aunque fuera distinta al resto de las que hubiera conocido en su dilatada vida como Mago.
La elfa oscura salió apresuradamente de la casa, se arrebujó bajo su piwafwi, y ocultó su oscuro rostro bajo una holgada capucha mientras se mezclaba con el bullicioso ritmo que era el mercado de la ciudad.
 
Dirigió sus silenciosos pasos hacia la primera casa y se apostó en un lugar lo suficientemente apartado como para no llamar la atención, dispuesta a observar todos sus movimientos.
Poco a poco comenzó a cobrar sentido los tantos rumores que había ido escuchando en la casa Thul´Nazyr, así como el comportamiento extraño de sus sacerdotisas.
Ya hacía días que estas se habían recluido en el templo de la casa y se dedicaban a oración y al sacrificio.
 
Las Yathrin con la Dama Matrona de Arach Tinilith y algunas de las Ilharess montadas en sus azulados discos flotantes llegaban a la primera casa, escoltadas por su guardia personal. Eilixys entrecerró los ojos, y se ajustó el objeto mágico que le permitía ver el espectro de la infravisión, en un gesto involuntario.
Si no se equivocaba, acaban de entrar tres de las Matronas de las casas Regentes y parecía que todavía estaban por llegar cargos más importantes.
 
Un zumbido discontinuo, como el que emite un abejorro la distrajo un momento. Miró a ambos lados, y se alejó de la primera casa rumbo a las puertas exteriores de la ciudad. Tras traspasarlas, las puertas se cerraron pesadamente tras ella, que se giró solo un instante para confirmar que esas mismas puertas que siempre habían estado abiertas, se acababan de cerrar a cal y canto por algún motivo que no había podido descubrir.
 
De todos modos ya no importaba, había sido llamada y ante ella se abría la Ántipoda Oscura.
Envuelta en el más estricto silencio comenzó su viaje de regreso al hogar.
 
 
Escena Primera: El Silencio de la Reina Araña. 
 
Una sensación extraña recorría todo Arach'nos incomodando a propios y extraños. Las Altas Sacerdotisas (Las Yathrin), la Dama Matrona de Arach Tinilith, Las Ilharessen de las Casas Regentes, así como la Valsharess llevaban ciclos reunidas y encerradas en el templo de la primera casa que se encontraba iluminada débilmente por los fuegos fatuos de los braseros, de los que se desprendían ese aroma dulzón del incienso.
 
Las letanías y cánticos sacros se filtraban por la ciudad que era un hervidero de nerviosismo bien disimulado. Todos sabían que se encontraban en una situación atípica, pero nadie sabía a ciencia cierta cual era el problema exactamente. Tampoco las Regentes se habían molestado en comunicarlo, sin embargo, los secretos no se pueden guardar por mucho tiempo y el rumor , como cual veneno corrió infeccioso de esquina en esquina negociando con la información del temido Silencio le Reina Araña.
 
Un fuerte temblor sacudió la caverna en la que se encontraba asentada Arach'nos resquebrajándola de cabo a rabo, y desprendiéndose sobre la ciudad trozos de estalactitas gigantes que pendían del techo, así como algunas de las casas elevadas y pegadas a lo alto de la cúpula de la caverna... Transformándola en la más absoluta oscuridad y caos sin control.
 
Ante la perspectiva desalentadora y el cariz que habían tomado las cosas, la situación en la ciudad se volvió altamente inestable pues las razas inferiores estaban al borde de la sublevación. Esto acabó obligando a La Valsharess, así como a todas las Madres Matronas Regentes a disponer de sus mejores integrantes de sus respectivas casas para que acudieran a una reunión de urgencia en el templo.
 
 
***
 
 
 
La Valsahress entornó los ojos con cierta circunspección al ver llegar a los representantes de las casas más importantes de la ciudad que habían acudido a la llamada de las Madres Matronas mientras acariciaba con deliberada lentitud una araña coriácea a la espera de que todos tomaran asiento.
 
- Lolth nos ha enseñado, a su pueblo elegido, durante siglos que los más fuertes y los más listos deben dominar a los más tontos y débiles. Nos ha mostrado la gracia y la gloria de servirla y vivir solo para complacerla. Hemos vivido el placer del caos que profesa. Pero esta verdad innegable y que es incuestionable, pues mi fe inquebrantable está por encima de todo lo concebible e inconcebible está siendo amenazada...nuestra forma de vida está a punto de desmoronarse... - Los miró a todos con gravedad. 

- La Madre Tenebrosa ha decidido ponernos a prueba y ha optado por el silencio. Esto ha dado pie a que las razas inferiores estén a punto de una sublevación.
Esto no sería un problema si La Reina Araña nos escuchara, y recuperásemos los dones divinos, aniquilando cualquier revuelta. Sin embargo, las patrullas y las redes de espías han confirmado que estás razas menores se han congregado a algunos kilómetros de la ciudad formando ejércitos.

-Las Madres y yo estamos seguras de que conocían antes que nosotras que Lolth se había ido. Queremos saber qué pasa, y por qué ellos conocían nuestra desgracia antes que nosotras mismas.
Aun conservamos objetos divinos y podemos contener la sublevación de la ciudad hasta que recibamos de nuevo el beso de la Diosa, pero vosotros deberéis hacer frente a la avanzadilla de ese ejercito. Aniquiladlos a todos, pero procurar atrapar al cabecilla de la revuelta y sacadle quien de nuestros enemigos le dio la información.

-Averiguad que está pasando en Arach'nos y porque estamos sufriendo estas convulsiones en la caverna. Partid cuando Narbondel llegue a su cenit. Os escoltará una patrulla hasta los túneles cercanos a la ciudad.

- Podéis retiraros.

 
Azrael de la Casa Amakiir sonrió en secreto cuando escuchó que las Sacerdotisas habían perdido sus favores y no pudo evitar pensar por un momento en un cambio de poder en su ciudad.
Sin embargo, tuvo que desechar estos pensamientos blasfemos con determinación, pues si no acababan con su enemigo común no habría una ciudad que dirigir.
 
La partida de Elfo Oscuros se dirigió a los túneles y comenzó su viaje sumidos en el silencio como era característico en los de su raza, sin más compañía que el sonido tardío de una gota solitaria caer en el frio suelo.
 
Llevaban varias horas de viaje por los interminables pasadizos de la antípoda cuando divisaron al explorador de la partida aproximarse desde su montura.
Espoleó al lagarto y este se deslizo por la pared vertical del túnel hasta sus compañeros que lo esperaban agazapados.
 
- "Una avanzadilla numerosa, acampados a doscientos metros. Kobolds, orcos y trasgos forman el ejercito" - transmitió el explorador con sus dedos y manos.
 
- "¿De cuantos hablamos?" - Preguntó Khelnasa con un solo gesto de dedos.
 
- "De un centenar aproximadamente, tal vez más"
 
La Sacerdotisa que los acompañaba giró sobre sus dedos el cetro que llevaba y añadió en el lenguaje de los signos.
 
- "No supondrán ningún obstáculo. Preparaos para la incursión"
 
***
 
 
Los pareja de guardias Kobols apostados en la salida principal de la gruta donde habían emplazado el campamento no pudo evitar que el acero de dos dagas les seccionaran la garganta, y la sangré que se derramó a borbotones acallaron sus gritos ahogados.
 
Los asesinos se dispersaron en silencio por los flancos eliminando a los centinelas con eficacia y rapidez, mientras el resto se introducía en el campamento y se colaba en las maltrechas tiendas para eliminar a los que dormían.
 
Un grito de un desdichado moribundo alertó a los que aun quedaban con vida, pero los elfos oscuros embistieron con ferocidad, y como si de un baile se tratara sus afilados aceros danzaron en círculos concéntricos, asestando letales estocadas que acabaron pronto con los que aun quedaban en pie.
 
-Mi señora – Dijo el explorador desde su montura que llevaba algo en la boca que se movía frenéticamente intentando huir – Os traigo un presente. Este es el cabecilla.
 
La Sacerdotisa miro al infraser y se relamió los labios con perfidia.
El kobolds comenzó a barbotear en infracomún.
 
-Mi no querer no morir, mi Tuk'nuk, mi jefe de ejercito. No fiar de elfos oscuros. No matar. 

-¡Cállate necio! Vas a hablar, porque de lo contrario, dejaré que el lagarto te coma vivo, y te aseguro que será tan doloroso que desearas estar muerto- amenazó con suavidad la drow.- ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Quién?

 
El Kobold se retorció espasmódicamente entre las fauces del lagarto.
 
-Mi no saber…
 
La Sacerdotisa asió su látigo y descargó sus apéndices contra el suelo, que restalló, levantando piedra y polvo. Luego lo hizo correr hacia el ser que vio como las cabezas de serpiente hincaban sus afilados dientes en su blanda carne produciéndole un dolor tan atroz como horrible.
 
-¡Mi saber, mi saber!... – aulló - …Mi olvidar, pero ya recordar. Sí, mi recordar. ¿Repetir? ¿Que querer saber?

-Habla de una vez. ¿Quién es nuestro enemigo? ¿Quién ha organizado la sublevación de vuestra raza?

- Ser cabeza tentáculos. Ellos decir mi que hembras elfas oscuras ya no azotar. No poder, perder magia. Nos querer combatir y vengar. Nos morir, muchos. Diosa castigar, y nos querer castigar.

 
Los elfos oscuros entrecerraron los ojos al oír al Kobold, pues a todos les había quedado claro quien estaba detrás de la revuelta.
 
-¿Y cómo han sabido ellos eso?
 
-Mi no saber como saber cabeza tentáculos, pero ellos decir a nos. Más de nos fuera....- De pronto el Kobold se sintió inundado por una repentina valentía -... Y os matar a todos, sí. Nos ganar esta batalla.
 
Y seguido de esa declaración, se zafó de la mordida del lagarto y cargó contra la sacerdotisa con una expresión del terror más puro e instintivo, como aquel que hace algo contra su voluntad.
 
Dos palmos de acero se abrieron paso atravesando huesos y carne, hasta dejar inerte el cuerpo de Tuk'nuk que convulsionaba con los últimos estertores.
 
- Alimentad a la montura – Ordenó la Elfa Oscura.
 
Pero cuando se disponían a continuar, se sintió un chasquido, como cuando la piedra comienza a resquebrajarse, seguido de una fuerte sacudida que precedió a un terremoto haciendo que llovieran pedruscos y abriendo el frío suelo en dos.
 
La partida había conseguido librarse de un desenlace fatal gracias a que se habían guarecido bajo el saliente de una de las paredes de la gran bóveda donde había acampado el contingente enemigo. Sin embargo, lejos de sentirse seguros, disponen todo para el regreso a Arach’nos, pero un zumbido mental les llega, seguidos de otro, y otro más, tan potente que los barre.
Una figura extraña en la lejanía levitaba ante los ojos de la partida de elfos Oscuros.
 
Cubierto por una túnica ricamente engalanada, ocultaba sus brazos bajo las anchas mangas. Su aspecto de cabeza bulbosa y boca de tentáculos creaba un contrate grotesco a sus ojos.
 
-Un illithid…- masculló la sacerdotisa-
 
 
Unos impulsos mentales llegaron a sus mentes, permitiendo la comunicación entre la criatura y los drows.
 
-(Veo que habéis conseguido vencer a Tuk'nuk a pesar que le induje mentalmente a defender su vida. Una lástima, aunque ha sido divertido e interesante ver como despedazabais su cuerpo) 

-(¿Habéis venido a ver como vuestra raza es aniquilada?.)

-¿Por qué los Ilithas se inmiscuyen en nuestros asuntos? ¿No erais meros observadores?

-( Los Ilhitas no tienen nada que ver con esto, y… yo no tengo nada que ver con esta rebelión de vuestros esclavos, sois vosotros los hostigadores de vuestra propia desgracia)

-(Quizá haya contribuido un poco a esta revuelta)…
 - Un sonido extraño resonó en sus cabezas, como si fuera una risotada o tal vez un gruñido - ( Pero como bien has señalado, solo soy un mero observador) 

-¿Cómo sabes que hemos perdido el favor?

-(¿Como se que vuestras hembras han perdido el favor de vuestra Diosa? Observando, simplemente observando) (Pero no es un hecho aislado que asola solo a vuestra raza, existen otras razas adoradoras de la Madre Tenebrosa que tampoco gozan de sus dones. Buscad a las Choldriths, tal vez ellas puedan deciros algo más)-

 
El illithid retiró sus manos de las amplias mangas de su toga elegantemente bordada y ornamentada y se difuminó en el ambiente como si el espacio lo engullera, sin dar opción a ninguna replica más.
 
 
-¿Una Choldrith? ¿No había una en cautiverio en Sorcere? – Preguntó el explorador.
 
-Así es, por lo que partimos de regreso a Arach’nos. Veamos que puede decirnos esa quitinosa.
 
 
Escena Segunda: la Sacerdotisa Aracnida
 
Izk guió al grupo por los múltiples pasillos de la escuela de Magia hasta llegar a una puerta de grandes dimensiones. Buscó bajo su toga la llave, y jugueteo con el llavero hasta dar con la correcta
 
-Aquí solemos guardar a las criaturas que sometemos a nuestros “pequeños” experimentos. Creo que no hace mucho a la Choldrits que tenemos la sometimos a un par de pruebas, y no creo que esté de buen humor… de ahí que la puerta sea tan gruesa… - Comentó el mago mientras abría la pesada puerta.
 
 
Unos gritos bien definidos se oyeron en cuanto la puerta quedo totalmente abierta.
El Mago los guió entre numerosas celdas que contenían la más variopinta mezcla de especies y razas.
 
- ¡Malditos Drows! Que campáis por la antípoda oscura como si todo fuera vuestro, como si debiéramos postrarnos las demás razas a vuestros pies y con ello perdonad nuestras vidas. ¡Yo os maldigo! ¡Que la Luz caiga sobre vosotros! .
 
Gritó el ser que tenían ante ellos. Un humanoide de cuatro brazos con ojos multifacetados, quijadas y abdomen arácnido, de la misma raza que los quitinosos, pero más grandes y de piel oscura.
 
La Sacerdotisa quitinosa les escupió.
 
-Tened cuidado, tiene mala baba… – Apuntó el Mago – Y no es porque lo diga yo, es que su saliva es tóxica.
 
- ¡Matadme!. Pues no solo la Diosa ya no nos escucha, si no que estamos todos condenados. La Diosa está en algún lugar de las más de doscientas capas del abismo y no parece dispuestas a entregar su beso.
Pero él ha llegado, necios elfos oscuros. Ha mostrado a mi pueblo el futuro, y en ese futuro ya no estáis....
-Rió quejumbrosamente.
 
-Te mataremos, tranquila, pero no ahora. Ahora es el momento de las respuestas- Sentenció la Sacerdotisa.
 
-Tan pronto como me libere de vuestro cautiverio.... os degollaré vivos, y me daré un festín con vuestros efluvios. 

-Hoy estoy generosa. ¡Sacadla!... Y postrarla a mis pies –

 
Los varones abrieron la celda y doblegaron a la Choldriths a los pies de la Sacerdotisa, que desenvainó una daga de su muslo derecho.
 
-Necesito que hables, y quiero que estés motivada – Sonrió mientras acercaba la daga al abdomen de la criatura y deslizaba su afilada hoja abriendo con lentitud heridas profundas que hacían aullar a la criatura.
 
-¿Quién es él?
 
-Habéis sido condenados porque en el orden natural de las cosas, vuestro pueblo se desfigura. Os definen la maldad y el asesinato, cualidades aplaudidas entre los vuestros. Conceptos como la bondad y el amor, no son conocidos o meramente ignorados y subyugados, arrancados por la espalda con una daga aserrada por vuestra Diosa. 
Los que caminan bajo la esfera de fuego se matan unos a otros, y los de abajo se retornan buenos y amorosos.
El mundo tal y como lo conocemos sufre los cambios brutales a los que sometéis al resto. 


-Mi Diosa es tu diosa Choldrith
 – Escupió. – Pero respuesta incorrecta.
 
La daga subió vertiginosamente hasta la el rostro del humanoide, y su hoja se paseo por uno de los ojos multifacetados.
 
-Sabes lo que viene a continuación ¿verdad?

- ¡Espera! –
 Gritó la Sacerdotisa quitinosa.
 
Con un rápido movimiento, la daga rasgo uno de sus pómulos, abriendo la carne y haciéndola aullar del más intenso dolor.
 
-Esta vez no te he privado de un ojo, pero lo haré. Voy a dejar que digas lo que tengas que decir, y luego responderás a mis preguntas sin demora. ¿Y bien, qué sabes y que debo saber? 

- Maldita Elfa Oscura…. Esto es como un juego de sava, en el que debéis mover vuestras fichas y hacer vuestra guerra contra el resto del panteón.
Nuestra Diosa no nos ha abandonado, solo guarda un precavido silencio. Pronto vuestras hermanas y Madres recibirán el beso de la Diosa, pues ella como yo sabe que existe una prueba que os de la capacidad de luchar contra vuestros enemigos, que no son pocos...

 
-Esa prueba, no es más que algo que representa una prueba de amor entre un elfo oscuro y una elfa, prima vuestra de la superficie. Es algo que representa el amor en si, pero sobre todo la representa a ella. Rojo como el fuego y verde como la esperanza.
 
Izk se movió incómodo.
 
-¿Y quién es nuestro enemigo? ¿Quién tiene la prueba?

-Vorzäak ha despertado y con ello nuestra existencia será aniquilada… El abre montañas, inunda ríos… envía a otros razas a hacer su trabajo… y el otro enemigo duerme en vuestra propia casa y la llave hacia la victoria es la prueba.

 
La Sacerdotisa de Lloth se dio la vuelta pensativa y se encogió de hombros.
 
-¿Qué podría ser rojo y verde?
-¿Una Rosa tal vez, Señora?
 – Se apresuró Izk a decir.
 
-Que enrevesado. Una planta de la superficie. Aunque coincido contigo – Y la sacerdotisa se encaminó hacia la salida.
 
-Perdonad Señora ¿Qué hacemos con ella? ¿La devolvemos a la celda?
 
La Sacerdotisa se paró a medio camino y giró la cabeza para observar a la Choldrith.
 
-¡Oh, sí! Se me olvidaba. Devolvedla a la celda, pertenece a Sorcere… pero mostradle como es el debido respeto ante una Sacerdotisa de Lolth.
 
Y la Elfa Oscura emprendió el camino rumbo a la primera casa, sin más compañía que el delirante sonido de los alaridos ahogados y del lamento de la quitinosa.
 
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Re: El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 1:50 pm

Un Final y Un Comienzo. Las Dos Pruebas.
 
 
 
-¿Solo puedes decirme eso? He invertido mucho tiempo y esfuerzo para que la información sea tan pueril.
 
- Me temo que es lo único que he podido averiguar. La situación se estaba volviendo cada vez más tensa y finalmente acabaría siendo descubierta.
Aunque gracias a un contacto de la Bregan D'aerthe he podido saber que buscan un objeto poderoso... una prueba.. o algo así... que combinada con otra prueba, es capaz de hacer frente a Vorzäak.

 
La elfa Oscura miró a las dos brujas y a los magos que estaban en el gran salón y suspiró. Sabía que no podría ocultar mucho tiempo que ella conocía los nombres de aquellas pruebas, y que ella era la dueña indiscutible de una.
 
- Si lo he entendido bien, dos pruebas, que fusionadas serán un poderoso objeto capaz de herir o incluso matar al enviado divino... ¿No es así?.
 
- A eso apunta todas las informaciones recabadas. No obstante, la bruja tenía algo más que añadir al respecto. Habría que llevarle la primera prueba.
 
Saphiel se quedó en silencio observándola largamente y luego desvió su mirada a la jovén semidragón que se sentaba a su derecha y que tenía la mandíbula tensa de la furia que a duras penas contenia.
 
- Eilixys... Refréscame la memoria. ¿En qué consistían y por qué?
 
- Deduzco que como hemos sido castigados por el odio que nos profesamos Genn y Athoran, debíamos encontrar algo que desmintiera eso. De ahí que la prueba viviente sea el resultado del amor entre Genn y Athoran.
 
Artemisa comenzó a exhalar un pequeño vaho helado que se le escapa de la nariz.
 
- ¡Oh! Que conveniente todo.- Sonrió con un punto de demencia- ¿Y la segunda prueba?
 
- Rojo como el fuego y verde como la esperanza. - Se limitó a decir.
 
Keniel se alisó la túnica pensativo. No llevaba demasiado en el Consejo Arcano pero sabía que podía aportar mucho, entre otras cosas cordura, de la que necesitaban en grandes dosis en su opinión.
 
- Mi Reina.. Si me lo permitís... - Dejó el Mago en el aire la pregunta.
 
La Reina asintió sin demasiado entusiasmo.
 
- Es obvio que se refiere a una Rosa Roja.
 
Y Saphiel lanzó una carcajada histérica, pues había pocas cosas que se le escapaban de su control dentro de sus muros.
 
- Creo que es hora de que las dos vayáis con mis respectivas pruebas a ver a esa bruja.
 
***
 
Zoe Lioncourt se mesó el cabello rubio en un gesto que denotaba preocupación. Hacía ya días que la partida había regresado con noticias perturbadoras que no le permitían conciliar el sueño.
Suspiró largamente mientras permanecia allí sentada, sobre un tronco de un viejo arbol, en medio del asentamiento, sumida en sus propios devaneos emocionales.
 
Ethranion se rascó la entrepierna vulgarmente cuando terminó de negociar con el tendero. Desde que los trillizos habían llegado a este mundo, el se veía obligado a cazar para cinco, en vez de para dos, y se pasaba la mayor parte del tiempo en el bosque en busca de sustento con lo que alimentar a su prole.
Refunfuñó cuando advirtió que el tendero había regateado con el oro, pero siguió su camino, pues sabía que pronto su mujer reclamaría su presencia y que le tocaría quedarse con los tres pequeños.
 
Zoe alzó la mirada y saludó al bárbaro que caminaba distraido hurgándose los dientes con los dedos.
 
- Buen día Ethranion.
 
El bárbaro se paró y reparó en su presensia, pero lejos de dejar de hurgarse los dientes, continuó con su desagradable tarea.
 
-¡Anda! No le había visto. ¿Todo bien Consejera?
 
- No demasiado...- Reconoció.
 
No es que Ethranion tuviera demasiadas ganas de escucharla, pero algo le dijo que debía quedarse.
 
- ¿Has escuchado los rumores? - Preguntó Zoe inocentemente.
 
-¿Rumores? ¿Se refieres a todo lo que se ha montado desde que el tipo ese nos amenazó con la aniquilación?. Fráncamente Consejera, debe estar usted ciega. Un rumor es lo que hace uno de mis hijos cuando está a punto de llorar... lo oyes y sabes que está a punto de estallar.... pero esto ya no es un rumor, es una cagada... y además no solo huele, sino que apesta.- El bárbaro se sentó en el tronco contiguo, con las piernas abiertas.
 
- Entiendo.- Se limitó a decir.
 
- ¿Qué es lo que le preocupa?
 
La jovén consejera se frotó las manos en un gesto nervioso sin saber muy bien como expresar sus temores.
 
- ¿Sabes que ha recaido todo el peso sobre los hombros de Svensgard?

-¿Qué peso?

 
La mujer miró al cielo e inspiro lentamente para luego expirar con la misma tranquilidad el aire retenido en sus pulmones.
 
- Dicen que somos el pueblo elegido, el que librará a Arthena de la opresión de Vorzäak... pero... me pregunto... - Se quedó callada.
 
- Se pregunta... Si obstentando el cargo que tiene será capaz de hacerlo medianamente bien, imagino..¿no?
 
Zoe asintió mientras veía a Ethrarnion levantarse del tronco y desperezarse escándalosamente.
 
- Bueno, yo no lo sé. Pero sé que hará lo que debe hacer... No es consejera por razones vanales, si no por su valía y sus principios morales. 
Es posible que las decisiones tomadas no vayan a la par de muchos, pero responderán a las necesidades de la mayoría. Yo sinceramente no estaría preocupado, pues despues de todo... ¿no somos el pueblo elegido?

 
Un guardia se acercó a Zoe, y tras saludarla con deferencia le trasmitió lo siguiente.
 
- Consejera Lioncourt, el Viejo Svensgard, Erindor´ully Thrauril-ullla están esperando. Por favor, acompáñeme.
 
La joven se levantó rápidamente y siguió al guardia aun sumida en sus propias inseguridades.
 
Ethranion se hurgo con la lengua los "pa luego" y se encogió de hombros mientras retomaba su camino. Aun tenía que alimentar a tres pequeños bárbaros que hacían por seis.
 
 
***
 
 
 
Artemisa cabeceó y dejó caer su capucha celeste hacia atrás cuando hicieron un alto en el camino. Asió la manita de su hijo con firmeza, y lo pegó a su cuerpo.
 
-No sé como diablos hemos acabado en compañía tan degradable. ¡Malditos sean!
 
Sombra y Wesh la miraron.
 
Hacía un día se los habían encontrado en los bosques de Nebin, y por capricho del destino y de los juegos retorcidos de Vorzäak, habían acabo todos juntos en el abismo.
 
-Consejera Artemisa, esta situación tampoco es agradable para nosotros – Dijo Wesh en un tono comedido.
 
-¡Oh, por favor! Cierra la boca Wesh...
 
Horus se quitó el yelmo y se pasó la mano por su sudada calva.
 
-Creo que deberíamos continuar. Desconozco el terreno y no sabemos que nos espera si permanecemos mucho tiempo aquí. El enemigo puede aguardar en cualquier esquina.
 
-En cualquier caso, la partida que era de cinco cuenta ahora con dos integrantes más… que de ponerse fea las cosas, nos servirán de señuelo y distracción.
 
La semidragón dejó clara sus intenciones a los dos gennitas, y la partida se puso nuevamente en marcha.
 
Caminaron durante horas guiados por Eltharion que había convocado a su Señor del octavo escalón para que le mostrara el camino hacia la casa de la bruja.
 
La casa de la bruja se dibujaba en lo alto de una solitaria colina bordeada por una gran valla de madera y un camino polvoriento que llevaba hasta la puerta.
 
- ¿Estás seguro Eltharion que es aquí? – Preguntó Yashira.
 
-Eso ha mencionado mi Señor. Es aquí.
 
-¿Aquí vive la todo poderosa bruja? ¿En una casita de mierda?- Preguntó Yax.
 
-Si no entramos no lo sabremos – Dijo Sombra.
 
Horus se acercó a la valla y la abrió lentamente haciendo rechinar sus goznes.
Artemisa y Eltharion intercambiaron una rápida mirada y gritaron al unísono.
 
-¡ ATRÁS!
 
Habían sentido la magia fibrilar en el ambiente.
 
De pronto una lluvia de proyectiles mágicos y brillantes surcó el firmamento e impactaron contra el pecho de Horus lanzándolo por los aires.
 
Eltharión se puso a la defensiva sin saber muy bien contra quien lo hacía. Si lograba oir los encadenados mágicos sabría cual era el contraconjuro exacto.
 
Yax y Wesh desenvainaron sus aceros, y Yashira y Sombra descolgaron y tensaron sus arcos con la mira puesta a un enemigo que aun no había dado la cara.
 
Horus se levantó pesadamente, pero era un guerrero curtido en mil batallas, y aquello no había sido más que un contratiempo.
Se sacudió la tierra y corrió con sus compañeros mientras desenvainaba en la carrera.
Se quedaron quietos, en un silencio tenso, a la espera de que el enemigo diera el primer paso.
 
-Artemisa, cuida de Yaxar. Cuento contigo. – gritó el bárbaro.
 
Pero ya no estaba, pues había usado un poderoso hechizo que la envolvía en una especie de santuario, a ella y al pequeño.
 
Una bola de oscuridad se cernió sobre ellos, más negra que el ónice, impenetrable, impidiéndoles la visión.
Un grito se escuchó.
 
-LOLTH ULTRIN
 
Y en la bola de oscuridad cayó un rayo como caído del cielo, una descarga poderosa que los lanzó a todos por los aires, deshaciendo la formación que habían tomado en un principio.
 
Los elfos Oscuros salieron de su anonimato al encuentro del grupo, que aun estaba en el suelo recuperándose.
 
Yashira aun se quejaba medio atontada cuando sintió cernirse sobre ella al drow. Buscó su arco rápidamente, y se maldijo al verlo a un metro de ella.
Gateó por la tierra, y se sumió en las sombras, pero el elfo oscuro podía verla moverse entre las sombras y apretó el paso con el kukri desenvainado.
Sabía que no le daría tiempo de llegar así que desenvainó su acero y se puso en pie, anclando sus piernas fijamente al suelo.
El elfo oscuro hizo una finta cuando está acometió el primer movimiento ofensivo, y desvió el estoque de la elfa con suma facilidad. Giró el kukri en su mano y sonrió de forma macabra, sin embargo la mueca se le congeló en su negro rostro y cayó como plomo al suelo.
Eltharion se sacudió las manos cuando hubo terminado el hechizo y hubo comprobado que el Elfo oscuro que atacaba a Yashira yacía en el suelo.
 
Horus espalda con espalda junto a Yax luchaban endiabladamente contra dos drows, aunque sospechaban que dos más acechaban en las sombras.
El drow que encaraba al bárbaro realizo un doble golpe bajo con el hacha que llevaba entre las manos, y Yax bajó su espada “Barbarian” con la intención de interceptar el arma y absorber el golpe de paso, y acto seguido lanzó un puntapié a las rodillas del oponente, pero los elfos oscuros estaban acostumbrados a la lucha sucia y este giró sobre si mismo alejándose del bárbaro para retomar la posición inicial.
 
Horus se giró hacía el segundo elfo oscuro que lo acechaba, y que acaba de lanzar una ofensiva en línea recta contra su pecho. El guerrero invirtió el impulso de su cuerpo y se dejó caer sobre su rodilla derecha. Realizó un quite y lanzó un veloz golpe hacia arriba con su escudo, que desvió el ataque, y a continuación tiró dos estocadas sucesivas, pero el drow ya había averiguando antes de que realizara la ofensiva su patrón de combate y se había retirado unos pasos para como su compañero recuperar la posición inicial.
 
Eltharion y Yashira barrieron el suelo con una nueva potente descarga mágica que había lanzado la elfa oscura, dejándolos gravemente mal trechos.
 
Wesh y Sombra corrieron a socorrerlos con una oración en sus pensamientos, y llegaron justo para verlos caer de nuevo ante la elfa oscura que los asediaba. Wesh llegó a su altura y atrajo la atención de la hembra mientras Sombra se ubicaba en un lugar apropiado con el arco listo para disparar. Wesh alzó su voz por encima del sonido ensordecedor del fragor de la batalla y oró mientras se dotaba se protegía con su escudo pavés.
 
La Elfa Oscura frunció sus blancas cejas al oír la oración divina y vociferó.
 
-¡¡¡ Lil waela lueth waela ragar brorna...lueth wund nind, kyorlin elghinn !!!
 
Y embistió con su látigo de cabezas de sierpe con toda su ferocidad.
Wesh se limitó a seguir con gran pericia movimientos defensivos hasta adaptar su cuerpo al ritmo de la elfa oscura mientra su oponente se cansaba, a la espera de que cometiera un error.
 
Una flecha silbó en el aire cuando Sombra disparó, y se clavó en el brazo de un elfo oscuro que había aparecido a la espala de Wesh con intenciones de terminar con la confrontación. Aquello lo obligó nuevamente a ocultarse a la espera de una mejor oportunidad.
 
Wesh aceleró su ritmo, y esquivó cada uno de los ataques que la Sacerdotisa realizaba, con una contraofensiva estudiada.
 
Sin embargo, lejos de estar en una situación alentadora, la campaña se encontraba en un grave apuro, pues los Elfos Oscuros iban ganando rápidamente terreno y los hacia replegarse sobre sus pasos, cediendo a así su posición ofensiva.
 
Todos sabían que no aguantarían mucho más… Todos tenían ya muescas en sus cuerpos, heridas sangrantes que los hacían torpes y lentos… Todo terminaría pronto.
 
-¡Artemisa, huye! -Gritó Yax cuando era derribado y caía al suelo, mordiendo el polvo.
 
Pero de pronto, el cielo se ennegreció y obligó a todos a levantar la vista.
 
Una lluvia de flechas, como si las nubes se hubieran desprendido del baldío cielo del abismo cayó sobre los Elfos Oscuros que retrocedieron para ponerse al resguardo, desconcertados sin saber de quienes procedían.
 
 
El sonido de un cuerno al ser soplado resonó, y a la carrera emergieron de las sombras dos docenas de elfos de la superficie, vestidos de verdes ropajes que salieron al encuentro de los Elfos Oscuros. El violento encuentro de sus aceros al chocar hicieron que saltaran las chispas.
 
Zoe Lioncourt comandaba a la partida de batidores de Svensgard y lanzó sus hechizos contra el enemigo.
 
Todo se volvió un caos insondable de sonidos y olores, donde la sangre corría como el vino. No se sabía a ciencia cierta si era de amigos o enemigos.
Sin embargo, los drows iban siendo reducidos, y los elfos iban ganando la partida, en un juego que se apostaba la vida.
 
Yax permanecía en el suelo, apartado de la contienda, recuperándose de sus graves heridas, cuando la sacerdotisa Drow saltó encima de él sentándose a horcajadas y sacaba una daga con forma de araña, donde las patas, ocho, eran cuchillas afiladas.
La levantó empuñándola con ambas manos, sobre su cabeza y recitó una oración.
 
Un alarido grotesco obligó a todos a agacharse y doblarse sobre sus cuerpos tapándose los oidos.
Artemisa que había estado en todo momento junto a Yax salió de su santuario, y alzando su rostro y su voz al cielo emitió un gemido maldito, un plañido funesto, el lamento de la Banshee... y la Urdimbre oscura que latía en sus venas hizo el resto.
 
El cuerpo inerte de la sacerdotisa quedó languido sobre el cuerpo de Yax.
 
-No es mi culpa, se me ha echado encima ella - Levantó las manos como aquel que es inocente y puso cara de circunstancia.
 
Artemisa propinó un coscorrón al bárbaro, y todos, magullados y malheridos rieron ante la broma.
 

***

 
 
La confrontación terminó sin demasiadas bajas, y Zoe se sintió satisfecha.
Se acercó al grupo que se había reunido para curar sus heridas y tras aclararse la garganta para llamar su atención les comunicó.
 
- Consejera Artemisa de Athoran. Ya hemos hablado de esto en alguna ocasión, pero hoy no es un ofrecimiento, hoy vengo a reclamar la Custodia de las Pruebas por el pueblo elegido.
 
-¡Piérdete cerda! – Gruñó la hermosa bruja.
 
Zoe frunció el ceño, pero se prometió no entrar en el juego de la semidragón, como ya había pasado en otras ocasiones. Y tras calmarse, buscó las palabras adecuadas.
 
-Nosotros somos el pueblo elegido. Somos quienes podemos hacer que funcione. Sabes muy bien que si cae en manos equivocadas no obtendrán nada, y tu hijo sufrirá las consecuencias. ¿Acaso quieres que lo sometan a algo de lo que no pueden obtener nada? ¿Es necesario que tenga que mencionar el nombre de quien sí está dispuesta a sacrificarlo para obtener un ápice de poder?
 
Yashira miró a Artemisa y esta le delvolvió la mirada. Ellas se entendían.
 
-¿Cuidarás personalmente de Yaxar? Te hago responsable directa de él.

-Si algo le sucede al niño Zoe, despídete de este mundo…
- Amenazó el bárbaro.
 
-…Y del siguiente, porque no tendrás descanso eterno. – Finalizó la bruja.
 
Zoe suspiró cansada de las baladronadas de los athorianos, pero se guardó de no decir lo que pensaba al respecto.
 
-¿Y la segunda prueba? ¿Quién la tiene?
 
Artemisa empujó suavemente con un ala a Yashira para que entregara la segunda prueba, y esta como protesta rezongó mientras le entregaba al pequeño Yaxar un pequeño tarro, donde una hermosa rosa imbuida con magia se mantenía viva y explendorosa dentro.
 
-Cuídala bien por mi Yaxar.
 
La Consejera de Svensgard dedicó una larga mirada a la elfa y sintió desprecio por ella.
 
Convocó un portal dimensional entre planos e indicó a los batidores que pasaran a través de el.
 
Con Yaxar de la mano, Zoe Lioncourt se encaminó hacia el portal y se giró un momento para permitir que el niño de despidiera de sus padres.
 
-Cuando sea el momento oportuno el objeto que debemos portar será invocado, solo entonces os será devuelto.
 
Y dicho esto traspasó el portal, pendiéndose en el espacio atemporal que son los viajes entre planos.
 
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Evoleth
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Re: El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 1:54 pm

La Guerra del Último Beso - El Flagrante Sur
 
 
Los primero rayos del alba despuntaban en el horizonte cuando la mañana amenazaba a la esquiva oscuridad en el ocaso mortecino de la noche.
En el crepúsculo matutino, el juego de luces que traía la mañana creaba un juego de sombras difusas que contrastaban con las cálidas lomas de arenisca del basto desierto.
La suave y fresca brisa soplaba libre entre las hojas de las solitarias palmeras, arrulladas y mecidas por un puntual y repentino frío. El silbido que arrastraba el viento, era un silbido seco, pululante, como un hormigueo incansable y nervioso.
 
Era una mañana inusualmente fría. Aquel frío, parecía tangible. Tan presente que se podía sentir y notar en la piel, en la yema de los dedos. Era ese tipo de frio que se calaba hondo en los huesos, haciéndolos que duelan hasta el mismo tuétano. Y es así como lo sintieron la mayoría de los ciudadanos de la ciudad en medio del hostigador desierto que era Athoran.
Por ello, no era extraño que muchos, grandes y poderosos conocedores de las artes adivinatorias o artes menos ortodoxas, como las oscuras, hubieran tomado aquello como una señal inequívoca y agorera de que se acercaban tiempos de tumultos.
 
Una joven hechicera en la Gran Escuela de Magia se afanaba en ordenar y clasificar meticulosamente en unos estantes, numerosos ungüentos y viales de cristal que se encontraban desperdigados a lo largo y ancho de un gran mesa de basta madera en una de las habitaciones aledañas a la gran biblioteca. En sus delicadas y frágiles manos propias de un arcano manipulaba compuestos altamente explosivos. Sin embargo, para una persona normal, mirarla, hubiera significado ver simplemente a una joven haciendo una de las tantas tareas cotidianas que se realizaban en la Gran Escuela de Magia. Pero para aquellos ojos avezados, si se miraba con tranquilidad y detenimiento, podía observar un pequeño y casi imperceptible temblor de nerviosismo en sus largos dedos, y la fina piel tornándose ligeramente pálida.
Eso, haría sospechar que aquel día no era común, ni como como cualquier otro. Ya la mañana había anunciado que ese día era distinto, puesto que no era normal que el alba hubiera despuntado junto a un frío casi invernal en pleno desierto.
 
Ese frío no era más que una señal, una premisa de que algo nuevo estaba a punto de llegar, y que de manera irrefrenable acabaría arrollándolo todo a su paso para luego dejar una estela, su propia huella, como una marca indeleble en el tiempo...
 
 
En la Gran Sala del Consejo Arcano, la Reina Saphiel con expresión taciturna se movió incomoda en su trono mientras repiqueteaba lentamente con sus largas uñas sobre el reposa brazos de piedra. Sus tres consejeras, de pie frente a ella habían entrado en una espiral en la que no llegaban a ningún tipo de acuerdo.
 
Jenna miró a las demás con cierto desdén y por último a la Reina, aunque se guardó de no mirarla del mismo modo. Y con tranquilidad añadió.
 
-No creo que sea oportuno llevar a término lo que pretendéis. Con todos mis respetos, es una locura.
 
Una risita burlona afloró en los labios de Delia.
 
-Para ti querida mía, nunca es oportuno nada de lo que disponga la Reina. Pero tengo que disentir, no hay mejor momento que el que se nos presenta ahora- Se relamió los labios con avidez por las expectativas que se le presentaban.
 
Saphiel asintió suavemente con la cabeza sopesando las palabras.
 
-Creo que no has pensado bien lo que dices Delia, es descabellado. Es una apuesta demasiado arriesgada que nos puede salir demasiado cara. Eres demasiado insensata...
 
-...Jenna... ¿He oído la palabra insensata?
 
Un seco rugido gutural de fastidio llamó la atención de ambas y desviaron la mirada hacia Artemisa que se lamía un pequeño colmillo con expresión ceñuda.
 
-No jodáis más... - Bufó y con un suave gesto, apartó su largo y hermoso cabello níveo del óvalo de su rostro, y acuñó con mal sana intención - Magas teníais que ser...
 
Saphiel asintió y añadió.
 
-Hay quienes nacen de la urdimbre, y hay quienes la estudian... Hoy somos dos Magas, y dos Brujas innatas.... ¿Y bien? Ya sabéis lo que quiero, y ya he oído a Jenna y Delia. ¿Y tú que tienes que decir Artemisa?
 
La joven semidragón se mordió el labio pensativa, tenía que apoyar o declinar los planes alocados de la Reina, y si bien Jenna tenía razón, Delia también tenía la suya.
Frunció los labios en señal de protesta mientras sopesaba que posición le reportaría más beneficios, o en su defecto, más diversión.
 
Saphiel ocultó la satisfacción en su rostro pues sabía que la joven dudaba y le ofreció un acicate que de seguro inclinaría la balanza a su favor.
 
-Artemisa, no creo que tenga que recordarte lo que le hicieron a tu familia, a ese bárbaro inútil que tienes como macho, y a tí misma cuando te pudrías en sus calabozos mientras planeaban que hacer con el no nato... pero yo, una y otra vez, te he recibido en mi casa, te sientas a mi derecha, participas de mi mesa...
 
Como un caballo desbocado los recuerdos acudieron a la bruja e hirvieron su sangre temperamental heredada de su linaje dracónico anteponiéndose a su sentido común. Tan hermosa como destructiva, sus ojos reptilíneos brillaron como dos llamas danzantes y se posaron con determinación sobre Saphiel, que saboreaba ya el éxito de su artimaña.
Se acercó al altar en forma de mano y golpeándolo con el puño rugió.
 
-¡Athoran irá a la guerra! Dos votos contra uno.
 
Jenna ni se inmutó, ni mostró ningún tipo de afectación, sin embargo, Delia, dió un saltito infantil de alegría y se acercó juguetona a la semidragón.
 
-¡Ven, deja que te de un achuchón! - Estiró los brazos con intenciones de abrazar a Artemisa, pero esta ya había interpuesto su mano para refrenar a la libidinosa Maga.
 
Frente a la Reina y las tres consejeras, a la altura de sus rodillas, aparecieron tres sombras oscuras como la noche más cerrada con forma humanoide que fueron adquiriendo consistencia poco a poco hasta revelar a tres elfos que inclinados con una rodilla posada en el suelo en lo que sería una genuflexión, posaron un instante su mirada en el marmóreo pavimento en señal de respeto para mirar a la Reina luego.
Esta hizo un leve gesto con la mano y los tres elfos se pusieron en pie.
 
-¿Mi reina? - Preguntó Zax con aire indiferente mientras apoyaba sus codos en una pose relajada en las empuñaduras de sus kukris.
 
-Confío en que hayáis oído los tres la decisión de mi consejo. Que no se diga que Saphiel Bluesky actúa sin el apoyo de su consejo-Mostró una sonrisa pérfida.
 
Vasari ajustó sus espadas cortas a su cinturón de cuero y miró de soslayo a la Reina. Sabía que la Reina no dejaba nunca nada al azar pues habían sido convocados desde el comienzo al concilio y aunque habían aguardado ocultos al resguardo de las sombras, Saphiel sabía cuál sería el resultado de la junta, puesto que ellos estaban allí.
 
- Tal y como me solicitasteis en nuestra pasada reunión, hemos estado presentes... y me he tomado la libertad de mandar a mis chicos a hacer algunas averiguaciones...
 
- Excelente Zax... siempre tan oportuno. ¿Y qué tenéis para mí?
 
El jefe de la Cofradía y hizo un gesto con dos dedos a la elfa de su derecha y esta asintió.
 
Yashira dió unos pasos, en un va y ven de caderas hacia al frente mientras que con una mano deslizaba con picardía su capucha hacía atrás dejando ver su rostro coronado por su glorioso cabello rojo, recogido en una coleta alta que parecía una ondeante llama. Con la otra mano se ajustó la cuerda del arco que llevaba a la espalda, y que le cruzaba el pecho, y dedicó una sonrisa juguetona a su monarca.
 
- ¿Quieres hablar de una maldita vez Yashira? No estoy para tus estúpidos juegos - Bramó al borde de la cólera.
 
Jenna la miró por encima del hombro, Delia suspiró conteniendo las ganas de abrazarla y Artemisa tuvo que controlar un espasmo de risa.
 
La elfa se humedeció los labios y añadió.
 
-[/i] Mi reina, sabemos a ciencia cierta que Genn cuenta con una capacidad militar efectiva de novecientos noventa y ocho soldados...
 
-Querrás decir mil... al menos eso es lo que cantaron los dos pajaritos que capturamos - [/i] La corrigió Vasari.
 
Yashira sonrió ampliamente y sacó una flecha de su carcaj para darle vueltas entre sus rápidos dedos.
 
- Por eso mismo, los dos pajaritos quisieron volar y.... -Silbó mientras que movía su flecha en el aire significativamente- Así que las cuentas son correctas. Novecientos noventa y ocho soldados efectivos.
 
La Reina se pasó una mano pesadamente por la cara y resopló.
 
- Mi reina - se apresuró a decir Vasari - He usado algunos contactos y he repartido algunos oportunos sobornos. Tendremos el cebo en cuanto lo creáis oportuno. Genn no tendrá más remedio que prestarse a combate abierto en lugar que su majestad desee si quiere recuperar ileso lo que le vamos a sustraer.
 
- No quedará ni uno entre sus muros. Todos serán conducidos a las mazmorras de la cofradía y custodiados. - puntualizó Zax.
 
Yashira se movió incómoda.
 
- Son bebés... .
 
Artemisa resopló.
 
- Saphiel, joder.... Son infantes de no más de dos años. ¿Qué van a hacer? ¿Rezar a la triada para que les otorgue dones? ¡Si aún no pueden ni contener su propia mierda!
Las mazmorras no son un lugar adecuado para ellos...
 
Una risotada enfermiza afloró de los labios de Saphiel que cesó en seco para dedicar una mirada peligrosa a la semidragón y a la elfa.
 
- Vuestro patético maternalismo me pone enferma.... - Siseó.
 
El sonido de la puerta de piedra al abrirse hizo que todos guardaran silencio y se giraran para ver quienes más habían sido convocados.
 
Pertrechados con sus oscuras y engalanadas armaduras de la Guardia de Elite de Athoran, Horus, Yax y Wulftag entraban en el Gran Salón del Consejo Arcano con los yelmos bajo el brazo y de cerca eran seguidos de Dane, Amyu y Eltharion.
 
La Reina hizo un gesto con la mano al comandante Falcón y este cerró nuevamente la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo una mano cubierta de una fina capa de escamas azuladas frenó secamente el intento y tras la puerta se escuchó una grave voz masculina con acento.
 
- Abre la puerta, pues yo aún no he entrado. Y si ha sido convocado un genio entre los genios, ería una torpeza por tu parte Falcón cerrarme en las narices porque puedo enfadarme, y eso es malo, muy malo... no quiero tener que gastar mi valiosa urdimbre haciéndote creer que eres una humana alocada, y que te de por ir enseñando tus peludas piernas a tus soldaditos.
 
El comandante hizo caso a las palabras y abrió la puerta para que pasara.
 
- Hechicero Ankh, discúlpeme no lo había visto.
 
El semidragón azul entro en el salón con aires de grandeza y tras cruzar una mirada sesgada y cargada con Artemisa, luego hizo una pomposa reverencia a la Reina.
 
- El mayor arcano de todos los tiempos ha acudido a vuestra llamada mi Reina.
 
Amyu soltó una risita ahogada y se cruzó de piernas mientras pensaba que el semidragón azul era el mayor bravucón de todos los tiempos.
 
- Bien, bien.... Estamos todos.
 
Las miradas interrogativas eran intercambiadas entre unos y otros, pues sabían que se iban a embarcar en la campaña más ambiciosa que la reina había emprendido jamás y de la que muchos no saldrían vivos. Y puesto que eso era así, nadie disimuló su preocupación ante las expectativas tan desconocidas y abrumadoras.
 
- Sentaos - Ordenó la Reina.
 
Todos y cada uno de ellos fueron sentándose. Horus con su mujer Amyu, Eltharion con su mujer Yashira, Wulftag junto a Dane y Zax y Vasari se sentaron en un lugar más alejado. Ankh eligió un lugar más apartado pero cercano al consejo y la Reina.
 
El Bárbaro Yax se acercó a su mujer que estaba sentada a la derecha de la Reina y se colocó tras ella de pie con pose marcial.
Saphiel arqueó una ceja y acercó los labios al oído de Artemisa para susurrarle.
 
- Es francamente estúpido. - Alzó el rostro y con una sonrisa macabra le espetó al bárbaro - Inepto... te he dicho que te sientes. ¿Por qué aun sigues de pie?
 
Miró con el ojo sano que tenía a la Reina a través del cabello rubio greñudo que le caía por el rostro, y se mesó la barbilla de una incipiente barba.
 
- Apelo al legitimo derecho de las brujas a tener caballero, como mi Reina tiene a Falcón. Yo soy el caballero de mi bruja, que además es mi mujer... entre otras cosas.
 
El color de la cara de la Reina pasó de blanco a violáceo, y de violáceo a un rojo púrpura iracundo mientras apretaba con los dedos los reposa brazos de su trono hasta hacerlos crujir .
 
- Inútil... Siéntate de una maldita vez - Suspiró cansina la semidragón.
 
Y Yax se sentó repanchingado en un sillón frente a su mujer con una sonrisa socarrona en los labios mientras miraba a los demás con intención.
 
Si todos hubieran podido reír lo hubieran hecho a viva voz, se hubieran dejado llevar por la broma del momento y hubieran vaciado así el aire que de repente llenaban sus pulmones dificultándoles la respiración. Y aunque no podían tomar ese camino, el de la risa, agradecieron en silencio la broma, pues aquella simple tontería había hecho que todos se relajaran un poco ante lo que se avecinaba.
 
El comandante Falcón se acercó al altar, y con las manos tras su espalda comenzó a caminar de un lado a otro mientras comenzaba su diatriba.
 
- Estáis aquí porque habéis sido escogidos por vuestras hazañas pasadas. Tenéis el inmenso placer de ser los que escoltaréis a la Reina y su consejo en el último combate que vamos a presentar contra Genn. El definitivo... quiero que entendáis bien las implicaciones de esto...
 
Jenna negó con la cabeza imperceptiblemente.
 
- ¿La Reina va a participar? - Se aventuró a preguntar Horus - Podemos hacerlo solos, y podemos traeros la cabeza de Gennan si es lo que queréis, pero no deberíais exponeros tanto, mi señora. - Pasó su yelmo al otro brazo, acomodándolo.
 
- Me conmueve tu repentina preocupación por mi Horus - Ironizó Saphiel y le dedicó una sonrisa lobuna - Yo misma encabezaré esta guerra que ya inicié en otro tiempo. Ha llegado el momento de terminar lo que empecé. Respecto a la cabeza de Gennan es un placer que quiero solo para mí. Nuestro odio es mutuo, tanto que nos consume por dentro...
 
Dane levantó la mano y la Reina lo miró.
 
- Pero mi Reina... Aún tenemos el "pequeño" problema llamado Vorzäak - apuntó el monje - ¿No cree que deberíamos solucionar primero ese asuntillo?. Si Svensgard se entera de lo que vamos a hacer y rompemos así el acuerdo de "No agresión" que tenemos para contener a Vorzäak, se interpondrá entre nosotros y nuestro objetivo. Eso nos va a suponer un obstáculo a considerar.
 
- He pensado en ello, y me guardo un par de ases bajo la manga...
 
Wufltag asió su hacha por la empuñadura y la tanteo con sus gruesos dedos.
 
- Vorzäak... Si está vivo puede caer. Y si cae estará muerto. - interrumpió el semiorco a la Reina.
 
Eltharion lo miró incrédulo.
 
- Claro Wulftag. Vas a matar a un enviado de los Dioses con esas paletillas del pescado al que llamas acero - se burló.
 
- Tal vez a él no, pero a ti te puedo despellejar como a un pollo.
 
Una flecha sobrevoló el espacio rozando la mejilla de Wulftag y dejando un hilillo muy débil de sangre en su mejilla.
 
- Y estarás muerto antes de ni tan si quiera lo pienses - Intervino Yashira mientras devolvía su arco a su espalda.
 
- Si continuamos así, acabaremos asesinados a mano de nuestra propia gente antes de pasar si tan si quiera por el acero gennita - Se quejó Yax.
 
Zax y Vasari se miraron y se encogieron de hombros, de seguro, de suceder aquello, eso le reportaría mucho trabajo y grandes sumas.
 
-¡¡¡ Callaos!!! - grito Saphiel en un estallido de cólera- ¡¡¡ o yo misma acabaré con vuestras míseras vidas aquí y ahora, y no os esperará el descanso eterno precisamente!!!
 
El silencio volvió a reinar en el Gran Salón del Consejo Arcano. Durante unos minutos no se oyó más nada que la respiración de los allí presentes.
 
- Excelente... Como iba diciendo - Se levantó la Reina y retiró su capa con la mano derecha para acercarse al altar - No os voy a pedir que luchéis por vuestra Reina, no. Se perfectamente que de tener oportunidad la mayoría me hubiera vendido como cual ramera
- Sonrió complacida - Y por eso es esta vuestra casa, Athoran.
 
- Cuando vayamos a la lucha, no busquéis en vuestras hazañas el honor, porque no lo tenéis. No busquéis en vuestras hazañas la redención, porque estáis condenados.
Buscad simplemente sus vidas y sesgarlas de raíz, de cuajo arrancarles hasta el último latido de sus corazones, el último aliento de sus gargantas... porque nosotros no conocemos otra modo de vida, nosotros somos athorianos... y si esto no es suficiente para vosotros, luchad y morid por vuestro hogar, por vuestros hijos, por las mujeres hermosas, por el vino.... porque de caer volverán los oscuros días y volveremos a estar bajo la bota gennita, sin una vida libre que decir que nos pertenezca...

 
A medida que la Reina Saphiel iba hablando, a cada uno de los presentes se le fue hinchiendo el orgullo athoriano que corría por sus venas, imprimiendo un ritmo caótico y desaforado, analogía de sus propias vidas. Uno a uno fue levantándose de sus asientos sintiendo martillear en sus pechos las palabras de la Reina que había enardecido los sentidos de los presentes hasta el delirio.
 
- ¿¿¿¡¡QUE SOMOS!!??? - Presionó la Reina a voz en grito.
 
- ¡¡¡¡ATHORIANOS!!!!
 
Bramaron todos al unísono, gritaron a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlos y enronquecieron levantando sus armas con determinación junto al rugido gutural y primitivo de los semidragones.
 
By: DM Nana

La Guerra del Último Beso - El Apacible Norte

 
 
 
El alba despuntaba esa mañana con un cielo abierto y celeste sobre los altos parapetos y muros de piedra sólida de granito. Los pájaros gorgoreaban sus tempranas melodías, posados sin preocupación sobre el ramaje de cualquier árbol.
Un hermoso cuadro de armonía y serenidad se dibujaba ante cualquiera dispuesto a la contemplación por el mero placer.
 
Pero Genn no se distinguía por ser una ciudad ociosa y desde el alba, en el patio exterior, los jóvenes gennitas se entregaban con entusiasmo al adoctrinamiento de sus múltiples disciplinas.
 
Alineados en una formación triangular, los soldados genitas daban estocadas en el aire contra imaginados adversarios mientras eran bendecidos por los clérigos de Combate.
 
El campo de batalla entre sus altos muros, olía a tierra batida, a verde hierba y a fresco fresno.
 
En el centro de la ciudad, los sonidos cotidianos se mezclaban y conjugaban con las letanías sacras que provenían del templo, y que aumentaban en un armónico crescendo cuando sus acólitos veneraban a su deidad en cuestión. Cualquier deidad de la triada era adorada y venerada sin ningún tipo de limitaciones en la ciudad, y en su mayoría sus cánticos eran destinados a su mayor benefactor, Tyr.
 
La guardia de Genn hacía su ronda inmersa en sus tareas del día del día sin presagiar nada más allá de lo que habitualmente solían hacer.
 
Era un día realmente glorioso, como poco otros se habían vivido… Algunos eruditos o acólitos bendecidos con la inspiración divina, aseguraban que aquel día era una señal, un augurio tan claro como el albor con el que había despertado la mañana… Era la calma que precedía a una fuerte tormenta… sin embargo, las dimensiones de aquella supuesta tormenta no les había sido revelada.
 
El sol brillaba en un marco incomparable. La brisa suave que corría entre sus muros era suave y refrescante, tanto como una dulce caricia sobre la piel, que reconfortaba el espíritu, dejándolo liviano y libre.
 
Bajo el agradable cobijo que brindaba una de las frondosas ramas de un árbol, Sombra se afanaba en tensar la cuerda de su arco “mata dragones” mientras sus pensamientos divagaban y lo llevaban lejos, muy lejos de su ciudad y de sus obligaciones.
Desde que Zafit y el sacerdote Rando se habían retirado a apoyar las delicadas fuerzas de Thane, él había pasado a ser por expreso nombramiento de Genan capitán de la Ciudad y de las fuerzas militares, y aunque se veía capacitado para desempeñar sus funciones, los últimos acontecimientos en su vida, le habían llevado a pensar en algo más que en su ciudad. Esta preocupación tenía un nombre, y una ciudad. Lorel y Svensgard.
 
Un gruñido tosco y el sonido propio del esfuerzo sudado hicieron salir de su ensimismamiento a Sombra. Alzó la mirada de su arco y la dirigió con curiosidad al otro lado de la plaza de donde provenían los sonidos.
El joven bárbaro Kendor discutía con terquedad con algunos de los mercaderes que proveían a Genn de las materias más primarias.
 
- Si sigues así, bárbaro, nos dejarás sin trabajo – se quejó apesadumbrado uno de los mercaderes.
 
- Mi, solo hacer lo que debe hacer – Escupió Kendor en el suelo lo que se suponía algún tipo de vomitivo brebaje.
 
 
- ¡Maldita sea! Si sigues trayendo materiales, no tendremos con que alimentar a nuestros hijos... - Refunfuñó otro mercader.
 
Kendor se encogió de hombros haciendo caso omiso a las protestas de los mercaderes y depositó los materiales que había ido a recolectar desde el alba en el arcón comunitario de la ciudad.
 
Se secó el sudor de la frente que tenía tiznada de suciedad y alzo la mirada al cielo abierto, mientras usaba su mano sobre su frente a modo de visera.
Una mano se posó con suma suavidad sobre su hombro y le obligó a girarse sobre si mismo, y a agachar la cabeza debido a la amplia estatura de la que era poseedor, para encontrarse con alguien de tamaño pequeño, de complexión dulcemente delicada, que le dedicaba una sonrisa serena y tranquila, una sonrisa familiar conocida que lo reconfortaba en el corazón.
 
- Hermano... - Susurró la Monje Sacerdotisa de Tyr.
 
- Nika... - Acertó a decir el tosco bárbaro.
 
- Bienvenida seas de nuevo Nika. Bien hallada seas. Hace tiempo que no disfrutamos de tu presencia en este tu hogar.
 
La joven se giró con una sonrisa amplia y franca hacia Sombra, que se había acercado a ella para darle la bienvenida.
 
- ¿Y el Sacerdote Tark? ¿Viene con usted?
 
- Así es Capitán. Hemos recibido una carta de Genan y por eso hemos abandonado nuestra peregrinación. Pero imagino que usted debe saber de qué se trata.
Kendor dio un gruñido y volvió a sus quehaceres, dándole la espalda a ambos.
 
- Tu hermano sigue tan amable como siempre. - señaló el Capitán – pero no, no sé de qué se trata.
 
El sacerdote Tark se acercó a los congregados que estaban en medio de la plaza.
 
- Si preguntáis por mí, aquí estoy Sombra. - Se retiró el flequillo rubio como el sol del rostro en un gesto despreocupado – Es extraño que nos hayan hecho regresar de forma tan apremiante… Porque imagino que todo está bien...
 
El Capitán asintió para confirmar su pregunta tácita, y el Teniente Arin apareció de pronto, bajo la sombra que dispensaba un edificio cercano.
Con un simple saludo marcial, el mediano se acercó al resto y tras dedicar una sonrisa juguetona a todos los presentes que lo miraban un tanto desconcertados, añadió.
 
- Sí, llevó largo rato escuchando vuestra conversación, pero no es hasta ahora que decidí salir de mi anonimato y ser participe... Así que… están volviendo a la madre patria todos los hombres y mujeres de valía.... Debe ser serio. Que yo sepa las cosas están tranquilas, pero si están repatriando gente, nos engañamos a nosotros mismos – Apuntó Arin.
 
 

***

 
 
La flecha silbó sobrevolando el espacio que le separaba de su objetivo hasta clavarse en la diana, haciendo un blanco y un centro perfecto.
 
Sión calibró el peso de su arco, mientras colocaba una nueva flecha de su carcaj y mostraba a los jóvenes gennitas como debía hacerse con la mayor precisión posible. Sabía que los arqueros de Genn eran famosos por ser los mejores capacitados en todo el continente y pretendía que siguiera siendo así.
 
Sus ágiles manos dispusieron su arco a la altura adecuada y tensó la cuerda al punto. Cerró un ojo para visualizar la salida de su flecha y apunto de forma certera a la diana. Con un grácil movimiento soltó la cuerda y la flecha nuevamente sobrevoló el espacio que lo separaba de su objetivo, hasta clavarse enteramente en el lugar apropiado.
 
… Y es así, con serenidad y buen juicio con el que alcanzamos las metas. Yo no soy un piadoso, pero imaginad lo que podéis hacer si disponéis además de los dones de la triada o de cualquier otro benefactor.
 
Los jóvenes asintieron y aplaudieron mientras comentaban entre ellos la demostración que con tanto acierto les había ofrecido el elfo.
 
El sonido metálico de un millar de aceros al caer al suelo seguido de vociferaciones inteligibles hizo que Sión abandonara la zona de tiro y dirigiera sus pasos hacía donde provenían los extraños sonidos.
Recorrió unos pocos metros hasta desembocar frente a la taberna donde encontró la razón de tanto alboroto.
En el suelo, tumbado junto a un gran barril al que abrazaba como si fuera una moza, había un enano con evidentes signos de embriaguez que canturreaba obscenidades.
 
- Maese Alrik… Levantaos. Pensaba que los enanos aguantaban mejor la cerveza.
 
Sión se inclinó para ayudar al enano a ponerse en pie pero este pesaba demasiado para sus escasas fuerzas y tuvo que desistir de la idea. Además, parecía que Alrik no estaba por la labor de colaborar ya que le había dedicado algún que otro soez insulto.
 
Se reincorporó, miró de nuevo al enano y se encogió de hombros mientras lo dejaba allí y se dirigía a la plaza central donde ya había divisado al resto de sus compañeros.
 
***
 
-Te digo Belnor que mis antepasados son de los mejores mineros que te puedas encontrar. Si continuas faltando olvidaré de que raza eres – Golpeó la mesa con la jarra de cerveza a rebosar sobre la barra de la taberna.
 
-Hermano Elshar, Brr… No pierdas tu tiempo con este. No es más que un enano acomodado en las costumbres humanas… míralo, sí ya ha perdido hasta la barba.

-Keldorn tal vez podamos enseñar al hermano enano la “Hospitalidad del Clan Vela Gris”

 
-Brrr… Málditos Mástiles grises – Belnor trago de un golpe su cerveza, arrojando buena parte de ella al beber por su barbilla y bañando parte de su maltrecha armadura. – Brr… Más vale que os calléis o perderéis los dientes, entre otras cosas que seguro que no usáis y tampoco echareis de menos- Amenazó.
 
Asió su hacha con intenciones de usarla allí mismo, y los otros dos enanos no tardaron en imitarlo, poniéndose a la defensiva.
Unos cuantos parroquianos habían salido corriendo del lugar al cariz que tomaban las cosas y el tabernero había hecho lo propio, ocultándose tras la barra con cara de resignación mientras continuaba limpiando con un paño la copa que tenía en la mano.
Tras escuchar a los nerviosos parroquianos, todos los congregados en la plaza se miraron y suspiraron de resignación. Un enano era de por si un peso pesado, pero tres se convertía en una tarea difícil de manejar.
 
-Perded cuidado, traeré aquí a esos alborotadores y pondré fin al altercado. Sargento, acompáñeme.- Ordenó Sombra.
 
Sin embargo, todos estaban predispuestos a prestar su mano, pues sabían del temperamento explosivo del clan enano, y no apostaban a que el Capitán y el Sargento Arin pudieran sin su ayuda.
 
 
Al entrar por la puerta de la taberna, y una silla sobrevoló el espacio, y se estrelló contra la pared aledaña a la entrada, haciendo que todos se dispersaran. Y aunque habían imaginado que la situación sería peor, la guardia ya había tomado cartas en el asunto y contenía no a tres enanos, si no a cuatro, puesto que Alrik se había sumado a la contienda.
 
-Señores, el Comandante Genan os aguarda en el ayuntamiento. Dispónganse para acudir, luego solucionaremos este problema.
 

***

 
 
El comandante se Genan se hallaba en el salón del ayuntamiento junto a Wesh, de la orden radiante. Por la expresión de sus rostros parecían tratar un tema que les supusiera una pesada carga sobre sus hombros.
 
-¿Estás seguro de eso Wesh? – Se mesó la barbilla – No tenemos pruebas, más que la palabra de alguien que desde luego no merece mi confianza.
 
 
-Señor, con el debido respeto. No habría que desmerecer la información… Nunca ha venido nada bueno de Athoran y eso lo sabemos, no está de más estar vigilantes.
 
-Entiendo muy bien tu preocupación, pero debemos recordar que con respecto a Vorzäak, estamos todos en el mismo barco. Ni a la loca de Saphiel se le ocurría semejante afrenta contra un enviado divino.
 
Genan se sentó en su sillón con suma tranquilidad y se golpeteó suavemente con un dedo los labios en un gesto interrogativo.
 
 
-Comandante, insisto. La fuente es fiable, aunque comprendo sus reparos.
 
-Wesh, amigo mío. No debes preocuparte. Para tu tranquilidad, he ordenado que vuelvan a la ciudad algunos compatriotas, que estoy seguro tendrán a bien atender mi petición.
 
La puerta del salón resonó al abrirse y uno a uno, poco a poco fueron entrando en silencio. Pero este silencio duró poco y fue relevado por la chanza y las risas sinceras y afables entre camaradas, pues tras el saludo marcial de rigor a su comandante, se habían reunido en una especie de corrillo mientras esperaban a los que aun no habían llegado para confraternizar con aquellos compañeros que hacia tiempo no veían.
 
-Por favor hermanos, id sentándoos. Tenemos asuntos que tratar. Rando y Zafit pueden unirse más tarde cuando lleguen de Thane. – Solicitó Genan.
 
Todos ocuparon sus asientos y aguardaron en silencio que el Comandante comenzara con la Reunión.
 
 
-Maestre Wesh, por favor.
 
-Bien… No me andaré con rodeos. Tenemos más que fundadas sospechas de que Athoran está metida en algo gordo…
 
-¿Cómo de gordo? – Interrumpió Belnor.
 
-Por favor Maese, permita al Maestre concluir – Indicó el Comandante.
 
-Como iba diciendo... No podemos decir en qué está metida, pero suponemos que en nada bueno... y por lo tanto, nos atañe. Por el momento sabemos que está movilizando a las tropas y que están manejando urdimbre sombría, o al menos eso suponemos y que debido a los efluvios de esta magia oscura y corrompida no existe la noche en la ciudad.
 
-¿Y por qué eso nos atañe? – Preguntó inocente Sión.
 
-Si es urdimbre sombría, desde luego que nos atañe – sentenció Nika.
 
-Pero no saber si ellos hacer algo con ella – Comentó Kendor.
 
Un alarido largo y perpetuo mezclado con un llanto se escuchó en todo el salón del ayuntamiento, un llanto compungido y amargo, que se fue duplicando, y aumentando en número. A este llanto se le unió el sonido lejano de un millar de pisadas nerviosas y frenéticas que parecían correr en todas las direcciones. Luego, solo en una, hacía el salón.
Todos se levantaron bruscamente, y las sillas rodaron por el suelo mientras desenvainaban los aceros con rectitud cuando escucharon como los múltiples pasos iban acercándose a la puerta de madera con rapidez.
 
-¡Magia! – Gritó Alrik.
 
Tark y Nika negaron con la cabeza la afirmación del enano.
 
-Esto no es magia… Esto es otra cosa distinta – Señaló Tark.
 
 
La puerta de abrió de golpe y como un enjambre de hormigas comenzaron a entrar por sus puertas hombres y mujeres a lágrima viva... No había distinción entre ellos, civiles y gente de armas, todos compartían un dolor que les provocaba un llanto dolido, de los que te llegan al alma y te dejan un regusto amargo y profundamente triste. Todos gimoteaban cosas inteligibles ante la mirada atónita de todos lo que se encontraban en ese momento en el salón. Sin embargo… entre esa maraña de lágrimas y palabras difusas había una que se entendía con nitidez… “mi bebe”.
 
Rando y Zafit irrempurieron en el salón a la carrera y frenaron en seco para recuperar un poco el aliento.
 
-¡Comandante! …- Gritó Rando exhausto.
 
- ¡Los infantes de Thane y Genn han desaparecido! – Continuó Zafit que estaba doblado del esfuerzo - Venimos corriendo desde Thane para dar la voz de alarma, pero al llegar nos hemos encontrado la misma situación en la ciudad.
 
-¿Quién ha hecho algo tan horrible? – Sombra y Arin preguntaron casi al unísono.
 
-¿Alguien ha reclamado la autoria de esta barbarie? – Preguntó Genan con un tono más tenso de lo que hubiera deseado.
 
Zafit y Rando intercambiaron una rápida mirada y asintieron con pesadumbres.
 
-Hablad de una vez, por el amor de Tyr. ¿Quién se ha atrevido a semejante acto de maldad?- Presionó Nika.
 
-... Los culpables han dejado una nota. Por favor Rando leela.- Pidió Zafit.
 
Rando desenrolló el pergamino viejo y ajado, de los que se usan para escribir encantamentos y a todos se le hizo una idea muy clara en la mente de a quien culpabilizar.
 
“ Mi muy querido Genan

Ha llegado el momento de terminar lo que un día se empezó. Las agujas del reloj han marcado el final de una era en la que no hay buenos ni malos, si no razones suficientes y de peso como para que se de el caso. ¿Gracioso, no? Posiblemente a ti, no te haga gracia, pero por ese simple hecho a mi me parece de lo más divertido y complaciente.

Tus pequeños polluelos han volado del nido, y han acabo anidando en la madriguera del lobo, y aquí estamos siempre hambrientos… Devoramos todo a nuestro paso, y arrasamos todo lo que nos obstaculiza. Y lamentablemente, tu has sido una piedra muy molesta que estoy dispuesta a rebasar y ha destrozar hasta hacerla añicos y convertirla en misero polvo.

No te aflijas por ellos, por el momento están bien. Por el momento, pero deberás atender a mis solicitudes sin dilación. La paciencia no ha sido nunca una de mis virtudes.

Pronto recibirás instrucciones de cuando, cómo y donde.

Ese día será grande, porque ese día caerá un imperio y sobre su sangre, sobre su llanto y su hedor a muerte, se erigirá otro nuevo orden… una nueva Athoran.

Saphiel Bluesky.
Reina de Athoran.”
 
 
 
Un murmullo nervioso recorrió la sala uniendose al llanto desesperado de padres y madres que habían perdido a sus bebés.
 
La mandíbula de Genan se tensó hasta parecer esculpida en granito puro y levantándose con seguridad se aproximó a los presentes y levanto las manos reclamando un poco de silencio.
 
-"... Hermanos, hermanas, el Ojo de Helmo nos ha avisado de que este día llegaría..., Llevamos décadas preparándonos para la llegada de un día así… el día en que NOSOTROS daremos justicia y acabaremos con la corrupción y la podredumbre que crearon los Mágicos en Lorean... 
-Sé que en vuestros corazones arde la llama inapagable de la fe, de lo que es justo y honrado. El camino de la rectitud y la bondad no son opciones, es una forma de vida,… ES NUESTRA FORMA DE VIDA.

 
-Sé que muchos sois temeroso de que ese día llegue, pero debéis buscar dentro de vuestro corazón, ahondar en la esencia de la virtud, de nuestra iglesia, de nuestros principios, del amor al hermano para enfrentar ese día… bien, ha llegado ese día, ¡HOY es cuando crearemos una Orden de Ley y Armonía en las tierras... de ARTHENA, no solo acabaremos con las practicas de nigromancia que ellos practican, o los cultos malévolos que ellos adoran! ¡veneran a dioses que asesinan a inocentes o que corrompen corazones y almas! ¡Todo lo que tocan lo contaminan, lo corrompen!
 
-...¡LEVANTAOS MIS HERMANOS! ¡Alzaros mis hermanos! ... Porque hoy Tyr el justo esculpirá en el cielo vuestro nombre…. Hoy, lloverá fuego y hielo en el Norte… POR QUE LUCHAREMOS COMO HOMBRES Y MUJERES LIBRES, O MORIREMOS COMO SOLDADOS DE DIOS.
 
Y todos los presentes, se inclinaron ante las palabras del comandante. Sin embargo, todos los compañeros que se habían reunido ese día allí se llevaron la mano solemnemente al pecho en un gesto fuertemente marcial, señal inequívoca de que era un orgullo luchar y morir por la causa de Genn.
 
By: DM Nana
 
La Guerra del Último Beso - Un Secreto No Confeso
 
 
En el desfiladero del Condenado, el viento soplaba violentamente en el ocaso de la tarde. Era tan fuerte que obligó a los porta estandartes a afianzarlos con firmeza en el suelo. Las banderas de ambas naciones ondeaban con movimientos bruscos y parecían querer escapar y no ser partícipe de lo que estaba a punto de acontecer.
 
El desfiladero era un pequeño saliente en la pared de la ladera de una escarpada montaña rocosa y desnuda en cuya garganta profunda no se podía ver el final.
 
En la zona más amplia, la numerosa hueste gennita portaba con orgullo los colores azul y blanco de su nación, y aunque en sus rostros no se denotaba nerviosismo alguno, dentro de ellos bullía un fuerte sentimiento de determinación. Muchos estaban allí para recuperar sanos y salvos a sus hijos, hermanos, o nietos, que habían sido secuestrados para presionar y manipular a Genn.
 
Genan aún no podía creer que Saphiel se hubiera atrevido a tanto... Una cosa eran las diferencias que mantenían entre ellos y otra cosa era involucrar a seres inocentes e indefensos como eran los bebés. Aquello no tenía perdón de Dios y merecía un castigo ejemplar, un castigo que merecía la muerte.
 
A su mente vinieron retazos de recuerdos lejanos y vagos, difusos recuerdos de una Lorean distinta y distante, de una Lorean antes de la revuelta de los arcanos, de cuando los días pasaban lentos. Recuerdos de cuando era un joven e inexperto paladín y su tierno corazón no estaba curtido en los avatares de la vida.
 
Una pequeña sonrisa involuntaria afloró en los labios de Genan cuando recordó como aquella joven hechicera, le regañaba con vehemencia para luego dedicarle una arrebatadora sonrisa. Una sonrisa que sabía que solo le pertenecía a él.
Ella descansó su hermosa cabeza sobre su pecho y su hermoso cabello, trenzado de forma clásica y de un intenso brillo verde calló suelto, como una cascada de rumorosas olas, a lo largo de su espalda. Él la miró con fijeza y la atrajo hacía él, rodeándola entre sus fuertes y marmóreos brazos, mientras recelosos de su intimidad permanecían ocultos de las miradas perniciosas bajo la sombra de un gran roble.
 
Luego, a su memoria vino una imagen que jamás se la había borrado de la mente, y del corazón, y como cada noche, acudía a él para atormentarlo. Era un recuerdo que a pesar de los años transcurridos aun dolía, abriendo heridas que aun sangraban.
Recordaba con nitidez como sus ojos, grandes y brillantes estaban abnegados de lágrimas que bañaban sus rosadas mejillas, y la expresión más indescriptible se marcaba en su bonito rostro, mezcla de una profunda decepción y tristeza. Recordaba como ella, temblaba como una florecilla de papel y de cómo se le quebraba la voz, el espíritu y el corazón, haciéndolo añicos como si fuera frágil cristal... si tan solo pudiera volver a atrás... si tan siquiera hubiera podido protegerla... con gusto hubiera dado su vida.
 
El sonido de un trueno que partía la noche en dos lo arrancó de las garras del pasado y lo obligó a centrarse en el presente y miró al cielo que se había ennegrecido de pronto, en una noche repentina carente de estrellas.
 
Se ajustó con gestos firmes las correas de cuero que afianzaban su armadura de brillante y pulido metal a su anatomía masculina, y dedicó una mirada a todos sus muchachos que repartidos a lo largo y ancho de la desembocadura esperaban expectantes que su comandante diera las instrucciones precisas y abriera la marcha hacia la confrontación definitiva.
 
Inspiró profunda y lentamente para relajarse, y en silencio, con los ojos cerrados, oró a Tyr el Justo por la salvación de sus almas.
 
***
 
Al otro del desfiladero un ritmo frenético se desenvolvía entre las filas athorianas que se disponían en estudiadas divisiones. Por cada arcano había dos o tres combatientes encargados de su supervivencia y custodia.
 
Muchos arcanos llevaban horas preparando círculos y pentagramas de convocación con los que abrir planos y traer cualquier criatura que les fuera útil a sus propósitos.
 
A lo largo del desfiladero donde se concentraba toda la potencia athoriana habían dispuesto un largo camino de braseros con fuegos fatuos que chisporroteaban e iluminaban débilmente el lugar. La Reina había dispuesto todo de la forma más conveniente, y aquello respondía básicamente a ese as que guardaba celosamente bajo la manga. Sonrío satisfecha pero de pronto la sonrisa se le borró del rostro y se le heló una mueca en la cara de profundo desprecio cuando su mirada la dirigió a la lejanía y vió como un halo, como pequeños copos dorados e iridiscentes caía como un manto en derredor de la hueste genita.
 
Entre cerró los ojos y con su mano derecha apartó en un gesto explosivo su capa para girarse y disponerse a caminar hacia su tienda que se encontraba emplazada en el centro de donde se concentraba todas sus tropas.
Mientras caminaba entre sus hombres, seguida de su Consejo Arcano, La Élite Armada de Athoran y su gente de confianza, estos, el ejército, iba alzando sus armas y aullaban en una especie de himno.
 
Saphiel, los miró a todos inexpresiva, y aquello le recordó que en otro tiempo ella había encabezada una revuelta en Lorean y cuando hubieron reducido la hermosa ciudad a poco más que escombros y cenizas había recibido vítores y salves por parte de sus compatriotas.
 
Aparto la cortina de color rojo carmesí que era la entrada a su tienda, coronada por un minarete y borlas negras, y se sentó en el trono que habían improvisado mientras el resto se acomodaba y discutía abiertamente donde efectuarían el ataque y como lo harían. Las voces, gritos y amenazas que intercambiaban los integrantes del séquito de la bruja se escuchaba en todo el campamento, pero fuera de la tienda esto era ignorado pues este hecho era algo bastante normal entre ellos.
 
La Reina chasqueó la lengua asqueada, y se pasó lentamente la mano por el rostro como aquella que quiere borrar de su mente algo que haya visto y que fuera tremendamente molesto de recordar. Sin embargo, los recuerdos estaban allí, y ese día, más que cualquier otro, habían vuelto para recordarle lo que había sido alguna vez.
Farfulló algo inteligible pero se dejó arrastrar por sus recuerdos al pasado cuando aún era joven, y la ciudad de Lorean se le antojaba más hermosa si cabía.
 
Recordó que aquel día había elegido un vestido realmente bonito. Era de lino blanco que acompañó con una lazada amarilla anudada a su cintura. Se alisó la falda del vestido para quitarle las pequeñas arrugas que se le habían formado al ponérselo y cepilló enérgicamente su cabello hasta que brilló y lo recogió en un sobrio moño alto.
 
Ese día era muy importante, ya que ese día, por fin sería recibida por el Consejo de Lorean y lograría sus ansiados propósitos, ser libre, estaba segura de ello. Los convencería de que los arcanos no eran gente de segunda categoría, pues ella no había elegido ser lo que era, había nacido marcada con la magia... estaba segura de que los convencería de que no debían continuar siendo ni sometidos, ni controlados, ni pisoteados... la magia no siempre corrompía al usuario de la Urdimbre. Con determinación y siendo franca, los convencería, pensó.
 
El rostro de Saphiel adquirió un color cenizo y escupió casi imperceptiblemente "Estúpida" mientras las imágenes se sucedían en su mente a un ritmo vertiginoso.
 
Recordó como había sido arrastrada por los pelos por todo el salón del consejo al querer mostrar al consejo las cosas bonitas que se podían hacer al conjurar.
Los paladines creyendo que era un atentado o algún tipo de magia oscura la habían derribado sin miramientos rasgando de cabo a rabo su bonito vestido de lino blanco y que acaba de adquirir un color parduzco, y si no fuera poco, dejando a la vista su cuerpo semi desnudo.
 
Gritó con fuerza cuando sintió que la asían de los cabellos, deshaciendo el moño que con tanta dedicación había peinado, y la arrastraban por el suelo de mármol del consejo hacía la calle. Entre gritos y lágrimas la echaron por la puerta como aquel que lanza la basura y calló de rodillas frente él, que acaba de llegar a hacer el relevo.
 
La Reina apretó los dientes y la mandíbula se le tensó. Se levantó de su trono como movida por un resorte y gritó a todos que se ponían en marcha. Había llegado la hora.
 
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Evoleth
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Re: El inicio del fin (Trama principal)

Mensaje por Evoleth el Jue 24 Oct 2013, 2:05 pm

Confrontación Inesperada. La Promesa
 
 
 La hueste athoriana avanzó con rapidez por el desfiladero, ocupando el ancho del pasillo rocoso, que iba convirtiéndose poco a poco en el cuello de una botella y bloqueando casi cualquier intento de huida. Se podía avanzar u ocupar una posición más avanzada, pero era casi imposible retroceder sin arrollar a los compañeros que tenían tras ellos. Aquello se había convertido en una letal trampa mortal.
 
Encabezados por los porta estandarte, orgullosos ondeaban la bandera de Athoran, y los tambores de guerra resonaban contundentes en un decadente son que era repetido por el eco, al ritmo de los cientos de pisadas de las botas del ejército.
La Reina, junto a su grupo de apoyo repartía en el escaso espacio a las tropas con eficacia y eficiencia y dieron las últimas directrices. Luego, todos ellos, se dispusieron tras ella, cubriéndola desde atrás hacia los flancos, con el objeto de repeler los posibles ataques a los que se vieran sorprendidos.
 
Cuando los athorianos avanzaron hasta llegar a la parte más estrecha del embudo, se encontraron con Genn que ya estaba esperándolos. Con Genan a la cabeza del ejército, Saphiel y él se vieron las caras después de tanto tiempo. Todos contuvieron el aliento ante la situación y el cuadro que se presentaba ante ellos. El tiempo pareció detenerse en ese momento.
 
Genan y Saphiel mantuvieron su tensa mirada mientras el viento azotaba violentamente.
 
El ejército athoriano apenas podía contenerse, se mantenía inquieto y al borde de acometer la primera embestida. Daba la impresión que los dedos se les irritaban hasta doler por la inactividad de las armas que portaban o les escocían los labios por los hechizos no recitados. La furia estaba impresa en sus miradas.
 
El ejército gennita, disciplinado al punto, se mantenía erguido preparados para repeler a las fuerzas enemigas. Su espíritu inquebrantable estaba imbuido en una especie de aura de serenidad, y en sus ojos se podía ver una especie de brillo de la confianza, un fulgor que poseen solo de aquellos que saben que luchan por una causa justa.
 
La tensión era tan densa que podía sentirse en el ambiente y era como una losa, pesada, dura y fría.
 
Saphiel levantó una mano, y los tambores comenzaron a sonar de forma más violenta y frenética. Los combatientes adelantaron un pie e inclinaron ligeramente sus cuerpos, preparándose para hacer un rápido spring y embestir a su antagónico enemigo.
Los arcanos comenzaron a mover sus manos en una especie de danza estudiada, y abrieron brechas en el espacio atemporal de los planos.
 
Genan alzó la mano imitando a la Reina y la primera línea gennita, compuesta de arqueros, posaron una rodilla en el suelo, alzaron sus arcos al cielo y tensaron las cuerdas al extremo. Los sacerdotes comenzaron a entonar una potente salmodia elevando sus graves voces por encima del sonido de los tambores del enemigo.
 
Pero antes de que ambos pudieran bajar sus brazos dando luz verde a la inevitable confrontación, en la pared escarpada de la garganta, pequeñas rocas, seguidas de otras de mayor tamaño se desprendieron corriendo hasta el suelo, lo que obligó a todos a dividir esfuerzos, y girar parte del ejército a defender lo que estuviera bajando por la escarpada ladera de la montaña.
 
Aquello, no se hizo esperar, y tampoco hizo nada por ocultarse, pues era obvio que pretendía que todos observaran quien interrumpía adrede aquella guerra.
Ni más ni menos que el ejército de Svensgard, descendía con pasmosa agilidad, sorteando riscos y peñascos afilados como la hoja del mejor acero templado, junto a sus compañeros animales, para desembocar justo en el centro entre ambas naciones.
 
Un águila de plumaje de un marrón intenso y que había estado volando en círculos entre Athoran y Genn descendió en picado para luego aterrizar de forma magistral en el suelo, dando la espalda al ejército de Svensgard.
 
- Me preguntaba cuando apareceríais para aguarme la fiesta - Saphiel mostró una media sonrisa - Tenía que haber sabido que eras tú.
 
El águila comenzó a desfigurarse y convertirse en una figura informe, que en poco tiempo fue adquiriendo la apariencia de un elfo de edad avanzada que miró a la reina con expresión adusta y severa.
 
- Bien. Sabías que vendríamos. En ese caso me facilitas las cosas - El viejo Svensgard se adelantó un poco ayudado del trozo de madera que usaba como bastón.
 
- Saphiel y Genan, es hora de que pongáis punto y final a esta afrenta. Parece que habéis perdido ambos el buen juicio, y desmerecéis la amenaza a la que hemos sido condenados. ¿Lo habéis olvidado?
 
Genan carraspeó para aclararse la voz.
 
Viejo Svensgard, Genn no ha olvidado en ningún momento en la situación que nos encontramos, pero no puedo hacer caso omiso, cerrar mis ojos y mi corazón al sufrimiento de mi pueblo. De ninguna manera puedo taparme los oídos cuando mi gente llora rota del dolor porque sus hijos han sido arrancados de su seno. Muchos de ellos prefieren la muerte que se nos ofrece a dejar que Athoran corrompa e instaure la brutalidad y podredumbre de sus vidas en sus amados vástagos.
 
- Saphiel lo que has hecho es despreciable, pero tampoco se puede esperar otra cosa tratándose de ti. Perdiste tu corazón en algún momento de tu vida y ese vació ha sido llenado con oscuridad y maldad.
 
La Reina se mantuvo por primera vez serena, y miró al viejo con una expresión taciturna. Su gente, la que componía su escolta personal, sabía que aquellas palabras habían hecho diana en la bruja, pues aquella serenidad era impropia de ella.
 
- Bien... - Dijo entornando los ojos y un destello peligroso se perfiló en su mirada- Es hora de que compruebes tú también mi maldad....
 
Conjuró una pequeña bola de luz y la lanzó al cielo, describiendo una perfecta línea recta, hasta quedar suspendida en el cielo. Aquella bola irradiaba una pequeña luz muy tenue en medio de la noche, como si fuera la estrella del norte, como si fuera un faro en el mar. Todos siguieron el recorrido de la esfera brillante, que acabó por extinguir su suave luz, quebrándose en el vacío y haciendo que lloviera miles de motas brillantes pero inofensivas. El silencio recorrió las filas de todos los ejércitos, ni el viento soplaba ya. El sonido más estricto se había instalado entre todos.
 
Pero de pronto, cientos de figuras envueltas en oscuridad corrieron entre las filas athorianas, avanzando con una velocidad cegadora, sobrepasando las posiciones athorianas hacía el centro. Era tal la rapidez con la que se movían que apenas permitía seguirlos con la mirada.
 
La Bruja asintió a sus consejeras y estas comenzaron a entretejer un conjuro mágico que hizo que la hilera de fuegos fatuos en los braseros se consumieran uno a uno, como si algo soplara en ellos, sumiendo el lugar en una penumbra perenne, sin más luz que el brillo de los conjuros que emitían algunos soldados.
 
El viejo Svensgard interpuso su báculo de madera con presteza cuando presintió el peligro, y un choque brutal se escuchó cuando una cimitarra impactó, quebrándolo casi al instante, pero el anciano deslizó el bastón con agilidad para contener con la parte más gruesa la acometida.
 
Alzó el rostro sorprendido de su báculo, y en la semi oscuridad puedo ver a su contrincante... era una de las sombras que habían traspasado las filas athorianas. Tras la capucha de impoluto negro pudo ver sus dientes blancos en una sonrisa de pura maldad. El oponente, que hacia presión con su cimitarra intentando sobrepasar las defensas del druida mayor, cabeceó para desprender su capucha y una maraña de sedoso cabello blanco calló hasta casi las rodillas.
El viejo Svensgard frunció el ceño y maldijo en silencio a la bruja cuando su mirada se encontró con dos ojos almendrados de intenso color rojo, y que enmarcaban una cara femenina de piel tan negra como la más profunda obsidiana.
 
Los Elfos Oscuro lanzaron globos de oscuridad sobre la hueste de Svensgard y se lanzaron al ataque sin miramientos ni ambages contra los elfos de la superficie que eran la gran mayoría de los que componían el asentamiento
 
Saphiel soltó una carcajada enfermiza. Levantó nuevamente la mano y la bajó con rapidez.
 
En un punto dado, todo se volvió una locura. Sumidos en la penumbra Genn y Athoran entraron en cruento encuentro, junto con Svensgard que había entrado en combate para reducir a la fuerza Drow.
 
En el caótico campo de batalla pronto adquirió el hedor de la sangre, de la carne calcinada y de fondo una cantinela… los gritos, las maldiciones e injurias, las salmodias, los encadenados mágicos, el chocar de los aceros, el crepitar de la carne… y como no, el sonido delirante y constante de los tambores athorianos.
 
 
Genan veía como sus hombres caían ante el acero athoriano, aunque ellos contaban casi con el mismo número de bajas, sin embargo, no podían hacer frente a la urdimbre sombría que estaban derrochando los arcanos y que pronto se cobraría más vidas de las necesarias….
Se abrió paso a codazos entre la multitud que luchaba impulsados por el ritmo vertiginoso de la guerra, vivir o morir. Y entonces, en medio de tanta sangre y tanta muerte, un recuerdo enterrado volvió a él, un recuerdo de Lorean, un recuerdo, una conversación y una promesa.
 
((“-Cuando ellos me dejen libre…- Se puso de puntillas para depositar un suave beso en la mejilla
“-Cuando ellos entiendan la mujer tan maravillosa que eres, te tomaré por esposa- La tomó por la cintura y la atrajo hacía él
-No sabía que los paladines pudieran casarse – Bromeó risueña y jugueteó con uno de los rizos verdes que enmarcaban su bonito rostro.
-Yo no he hecho voto de castidad, pero de haberlo hecho pongo a Tyr por testigo que lo hubiera roto por ti, porque me has embrujado – Llevó su mano enguatada en un guantelete de metal hasta su trenza, y las deshizo dejando que su cabello se desparramara entre sus dedos y se lo llevo a la nariz para aspirar su dulce aroma.
-Por algo soy una bruja, aunque esté condenada en esta ciudad.
-Siempre te voy a proteger… lo prometo 
- Le susurró al oído mientras la estrechaba entre sus brazos.”))

 
El espadón bajó raudo e interceptó el hacha que iba dirigida contra su pecho. Retrocedió dos pasos, y con un estudiado juego de brazos alzó el espadón y lo hizo girar sobre su cabeza, describiendo un círculo concéntrico en el aire, y con el impulso, decapitó al semiorco que desafortunadamente había encarado al comandante pagándolo con su vida.
 
-¡SAPHIEL, TU Y YO! ¡SAPHIEL!
 
Genan gritaba mientras iba sorteando las filas enemigas en busca de la Reina de Athoran, su némesis.
 
Saphiel, alejada de la batalla, levitando el aire, observó divertida como el comandante la reclamaba. Miró a su escolta personal que levitaba junto a ellay les hizo una seña para que bajaran. Sabían lo que tenían que hacer, así que se dispuso a descender para encontrarse con el gennita.
 
Las Consejeras de Athoran dieron la señal a los arcanos y estos, salieron de la contienda para realizar la tarea que su reina les había ordena.
 
Los arcanos que eran un número bastante considerable comenzaron, todos juntos, a entonar un mismo conjuro, con un mismo objetivo. Concentraron toda la urdimbre a una tarea común, y pronto, vieron como gennitas, athorianos, svensgarianos y elfos oscuros, obedecían la orden mágica que los arcanos habían imprimido en sus mentes. Aquella orden mágica los obligaba a dejar de luchar, y a observar.
 
Saphiel descendió frente a Genan y apoyó su báculo en el suelo de forma relajada mientras se ajustaba la capucha que le ocultaba el rostro.
 
 
-¿Te han dicho alguna vez que eres muy molesto?
 
Genan apretó los puños.
 
 
-Terminemos esto de una vez. Estoy cansado de lidiar contigo.
 
-¡No te atrevas!
 
E iracunda, lanzó su báculo hacia adelante con intención de golpearlo en el estómago. Sin embargo Genan sabía de antemano cual sería la reacción de ella, y desvió su cuerpo hacia a un lado, evitando el golpe.
 
-Siempre tan intempestiva. Sigues siendo la misma niña irreverente.
 
-¡Cállate! No he venido aquí a escuchar historias de un pasado que está muerto… tan muerto como al resto de personas que maté en Lorean. – Sonrió sabiendo que aquella afirmación heriría a Genan.
 
Genan rechinó los dientes en una mueca tensa y dio dos estocadas en el aire con su espadón para desentumecerse, y levantando el acero a la altura de su pecho, se puso en posición ofensiva.
 
-¡Oh! El recuerdo de la muerte de tus seres queridos por mi mano debe ser muy doloroso… ¿Verdad? ¿Hay alguien en especial que haya muerto y recuerdes?
 
Sí, era cierto, era tremendamente doloroso para él.
 
El comandante atacó con toda su envergadura, y ejecutó un golpe de espadón hacía la cabeza de la Reina que no se esperaba la rapidez de movimiento del gennita.
Sorprendida retrocedió impulsada por su báculo hacia atrás a escasos milímetros de la hoja del espadón que rozó su capucha, rasgándola en dos, y cayendo al suelo junto a algunas hebras de cabello.
 
El cabello verde de Spahiel le calló por los hombros y Genan tuvo que ejercer un férreo autocontrol que se le reflejó en el rostro.
 
Saphiel miró a Genan mientras se separaba a una distancia prudencial, pero cuando lo observó más detenidamente adivinó lo que estaba pensando.
 
-De esa muerte no tengo la culpa. A ella la mataste tú.
 
-¡No! – Gritó- Jamás admitiré eso. Ellos te quebraron el espíritu y el corazón, y yo no estuve allí para protegerte...
 
Genan desvió la mirada un momento a todos los que los rodeaban, y a excepción de los elfos oscuros, todos tenían una mirada de sorpresa, otros de repulsión y otros de entendimiento y comprensión. Ya no importaba, había llegado el final, y él o ella pasarían a mejor vida.
 
-… Cuando volví a nuestro hogar ya te habías ido…
 
-No debes prometer lo que no eres capaz de cumplir…
 
Dicho esto la bruja comenzó a conjurar, la cara se le transformó con una expresión forzada rígida, grotesca. Los ojos se le inyectaron en sangre y su voz se volvió vacía, hueca y carente de vida. La urdimbre sombría corrió por su cuerpo como un impulso electromagnético que le recorrió toda la espina dorsal y desembocó en la yema de sus dedos.
 
Genan salió a la carrera en cuanto recuperó el sentido común. Saphiel había muerto el día que había sido ultrajada por los suyos por ser diferente. Se volvió a maldecir en silencio y volvió revivir el dolor, como había pasado todos los días de su vida, por no haber podido proteger al ser que más amaba.
 
Saphiel terminó antes y de sus yemas se desprendió un rayo grisáceo que llegó hasta Genan, que lo tenía a escasos pasos de ella, pero al contacto del hechizo este se quedó frio, y quieto, consumiéndosele la vida poco a poco. Sus piernas flaquearon y calló de rodillas en el suelo, pero siguió empuñando su espadón.
 
Saphiel sonrió sintiéndose ganadora, pero entonces sintió un agradable calor, un cosquilleo y cierta humedad que se deslizaba por su barriga. Desvió su mirada alrededor en busca de caras conocidas y vio muecas de estupor y de indignación.
 
Comenzó a temblar ligeramente y llevo sus frágiles manos hacia su estómago. Sus ojos se agrandaron cuando sintió y palpó el frio acero, y miró hacia abajo.
El espadón de Genan había logrado alcanzarla, y este aun lo empuñaba, y la miraba mientras su vida se le escapaba.
 
Un susurro ahogado llego hasta los oídos de la bruja.
 
-Déjame que esta vez te proteja y te cuide… Te prometo que jamás te dejaré sola....
 
Ella lo miró, y sus facciones se suavizaron al entender lo que él le estaba proponiendo. El espadón, bendecido y hendido en profundidad en ella hizo que esta convulsionara ligeramente.
 
-Saphiel, dime que sí…por favor – insistió.
 
La bruja, con las manos temblorosas las apoyó sobre los hombros de Genan e intercambió una mirada. Con fuerza, se dejó caer sobre él, y el espadón se abrió pasó en su carne hasta su espalda, buscando una salida.
 
Sus labios buscaron los de él, y con un beso mortecino como toda respuesta murió entre sus brazos.
Genan sonrió en paz y la apretó contra su corazón. Cerro sereno los ojos y dejó que la vida se le escapara de su garganta en un suspiro, pues había hecho una promesa y esta vez, no haria esperar a su bruja.
 
By: DM Nana
La Condena de los Malditos

Primera Parte

Sumidos en la penumbra de la Garganta de los Condenados, todos se quedaron con expresión torva, aun en sus mentes resonaban las palabras que habían oído esa noche y se había imprimado tan trágico e inesperado desenlace. 
Los arcanos perdieron la concentración en cuanto su Reina fue alcanzada por el acero enemigo, y boquiabiertos miraron tan funesto resultado. 
El resto, que había quedado libre de la orden mágica tampoco hizo nada, pues seguían conmocionados, observando como idos, muy quietos, con semblante atónito. 

Las miradas se sostuvieron sobre la pareja que yacía muerta en un abrazo redentor, mientras la sangre de ella manaba de la herida abierta y había dibujado surcos y ramificaciones que contrastaban con el marrón y gris de la baldía tierra que era aquella precipitada montaña.

Se podía apreciar distintas expresiones en los rostros de los allí presente, pero a grandes rasgos se podía decir que los gennitas expresaban una profunda tristeza, y los athorianos un total desconcierto. Para los svengarianos la expresión era de sorpresa y para los Elfos Oscuros... simplemente no había expresión definible, pues ellos prestaban su atención a la hembra que portaba la cimitarra mientras el resto aún seguían preguntándose qué había pasado aquel día allí.

- [La bruja humana ha fallado... Pero nosotros no lo haremos. Matadlos a todos, y buscad los Doumers mágicos]

Las manos de Galia se movieron con rapidez al transmitir las directrices. Imperceptiblemente se deslizó hacia un lugar que le ofrecía mejor cobertura, donde se concentraban algunos svensgarianos.
Con agilidad y un juego de muñeca, giró la empuñadura y asió la cimitarra de forma que la hoja mirara hacia atrás. Desvió su mirada a los flancos y con un golpe seco llevó su cimitarra hacia su objetivo hasta hendirse profundamente en el vientre de quien tenía detrás que cayó de rodillas mientras emitía un alarido de terror.
Los demás Elfos Oscuros al oír el grito, que tomaron como una señal, se giraron al unisono y encararon al resto de forma sorpresiva, independientemente de a qué lugar pertenecían, y sin darles oportunidad a reaccionar atacaron con saña cobrándose las primeras víctimas.



***

Los primeros en abonar con sus cuerpos y la sangre el triste campo de combate en que se había convertido aquella garganta, fueron los arcanos, que al ser sorprendidos, muchos estaban despojados de sus conjuros protectores y se habían convertido en una presa realmente fácil para los peligrosos drows.

-¡Combatientes, Proteged a los arcanos! 

Bramó colérica Artemisa mientras saltaba desde un risco y extendía sus alas blancas para descender y llegar hasta Yax que había salido a la carrera para socorrerlos consumido en una furia atronadora que hizo retroceder a algunos elfos oscuros. El Bárbaro, Lanzó numerosos puntapiés y envites de Barbarian, abriendo paso a él y a su bruja. 

-¡Athorianos a las Armas¡ - Gritó hasta enronquecer Horus mientras golpeaba al enemigo con su hacha hasta hendirla en su espina dorsal. El golpe fue tan potente que el choque resonó con un fuerte crujido de huesos al astillarse. 

Delia y Jenna se sumaban a la carrera de los primeros desde el otro extremo, pero antes de llegar a la altura de los arcanos que estaban siendo reducidos por la fuerzas de la Reina Araña, fueron cercadas por cuatro de ellos, que les impidieron seguir adelante.

Delia sonrió dulcemente para luego mutar su expresión por una fría y macabra que se le dibujo en la cara. Miró a Jenna y siseó...

- Jenna, es la hora. Yo me encargo.

Los Elfos Oscuros se acercaron con precaución a la elfa que les encaraba dando cobertura a Jenna y movió sus labios, vocalizando sin emitir sonido alguno. 
Una corriente de energía salió disparada de sus dedos, como una lluvia de proyectiles mágicos que se dividieron en dirección a cada objetivo al surcar el espacio que los separaba e impactó con fuerza en tres de ellos, despidiéndolos por los aires.
Delia chasqueó la lengua fastidiada y asió su bastón interponiéndolo entre el que quedaba de pie y ella, luego guiñó un ojo al desconcertado Drow.
Este dudó unos segundos y desvió su mirada a sus compañeros que se reincorporaban con lentitud.

-[Vas a necesitar algo más que a tus compañeros, para salir vivo de esta, besa arañas] - Espetó la Maga en el lenguaje natural de su enemigo y le sonrió mientras volvía a conjurar esta vez para que todos la escucharan.

[Y tu vas a necesitar algo más que palabras vacías, elfa, para que no te sacrifiquemos aquí y ahora a la Dama Tenebrosa] - Azrael sonrió hasta mostrar los dientes blancos como cuentas.

Jenna abrió con rapidez un libro deteriorado que sacó de uno de sus múltiples bolsillos mágicos de su capa. Las tapas del libro eran oscuras y sus páginas tenían un tono amarillento, lo que le conferían aspecto ajado. Con un dedo siguió las líneas que estaban allí impresas pero no visibles, mientras de vez en cuando alzaba la vista para observar la situación. Si no se daba prisa, Delia estaría en apuros.

- ¡Delia! 

Gritó Jenna cuando cerró el libro de un golpe, y la Maga asintió sin perder de vista a sus enemigos mientras salia corriendo como una flecha hacia la primera seguida de los cuatros elfos oscuros que le pisaban los talones.

Un óbice brillante en cuya forma se veía el crepitar de unas llamas mágicas, se abrió por encima de las cabezas de los Elfos oscuros, que frenaron en seco el avance para mirar hacia arriba y cubrirse de lo que traspasara aquel portal. 
A través de el descendió un enorme y grotesco Demonio del octavo escalón que tras erguirse orgulloso en toda su estatura, asintió brevemente a su Señora y con un potente golpe de su brazo derecho barrió al enemigo que acosaba a las dos magas, permitiéndoles unos minutos de respiro.




***

Sion y Sombra escalaron con agilidad una de las paredes escarpadas de la garganta alejándose de la frenética contienda que se estaba desarrollando a poca distancia.
Con los arcos tensados, y con la mira puesta a su objetivo, unieron fuerzas, para abatir a los Drows que encaraban a sus camaradas en Combate.
Flecha, tras flecha, silbaron veloces en el aire cuando sus ágiles dedos se pusieron a obrar su “magia”.

Tark y Rando se habían sumado a la lucha, y con sus poderosas voces de varitono, hacían llegar sus oraciones a todos sus compañeros, alentándolos en la batalla, e insuflándoles los dones que recibían de sus Dioses para así prestarles el mayor apoyo.

Sin embargo, los Elfos Oscuros eran luchadores experimentados, y además conocían los patrones de lucha que la mayoría ejercia. A eso había que sumarle los poderes innatos de los que hacian alarde, por lo que eran un adversario formidable a la par que temible. 
Un solo Drow era capaz de enfrentar combate contra dos e incluso tres adversarios, y salir indemne del choque.

-¡Hermanos resistid! - Presionó Zafit mientras se defendía del acoso de dos Elfos Oscuros que luchaban con una pericia abrumadora y unos movimientos tan fluidos y afiles que parecían danzar alrededor del Maestro de Armas.

Arin, se quedó pegado a la pared de la montaña cuando comprendió que no tendría escapatoria. Había estado intentando jugar con aquel Drow, y tarde había entendido que no solo era capaz de verlo sumirse en las sombras, sino que además, la habilidad de aquel era muy superior a la suya.
El mediano tanteo las empuñaduras de sus armas y desenvainó a sabiendas que ese no era rival para él, pero estaba en un callejón sin salida, y la puerta la tenía frente él.

El adversario atacó primero y lanzó una ofensiva con su espada larga hacia el pecho del mediano, que se dejó caer y se deslizó entre las piernas del Drow con un impulso de la pared adyacente que tenía tras él. Sin embargo, el enemigo era muy rápido, y con un pisotón, presionó el pecho del Teniente.

Una risita insidiosa afloró en los labios del Elfo Oscuro que se permitió inclinarse ligeramente para observar el trofeo que acaba de cazar.
Arin le delvolvió la sonrisa, una sonrisa amplia, cargada de picardia.

-Vaya, vaya. Un negro me atrapa, y un negro te va a dar una bendita paliza. Que divertido.

La interrogación se dibujó en su rostro hasta que sintió como era asido, girado para encarar a su opresor y alzado por los aires a su misma estatura.
Un rugido primitivo y el vaho corrosivo de su aliento hizo que las blancas cejas y el nacimiento de su cabello quedaran abrasados y se desprendiera un humillo que lo hizo aullar del dolor.

El semidragón negro, apretó en un abrazo mortal a su presa, hasta que los huesos de esta se quebraron como el cristal, dejando un guiñapo entre sus brazos.

-Creo que el viejo Svensgard no pondrá reparos en que ejerzas tu brutalidad contra esta calaña.

Elissea sonrió a su marido, y Dazzio se encogió de hombros mientras soltaba el cuerpo inerte.


***

Oculto bajo un manto de invisibilidad, en medio del frenético espectáculo de muerte y sangre en la Garganta de los Condenados, sacudió su túnica oscura con un gesto impaciente y se arrebujó bajó el piwafwi con los blasones bordados de la casa Thul'Nazyr. Tanteó a desgana los múltiples bolsillos y buscó los componentes que necesitaría para realizar unos cuantos conjuros. Un par ofensivo y uno de contingencia.

Desde que la los suyos habían oído hablar de los poderosos Doumers no habían escatimado recursos en conseguirlos, pues habían llegado a la conclusión de que quien los poseyera, tendría poder sobre Vorzäak, y por lo tanto tendría poder sobre el destino de Arthena y sus habitantes.
Aquella perspectiva era una tentación demasiado sugestiva que los Elfos Oscuros no habían pasado por alto.

En su opinión subir a la superficie había sido demasiado arriesgado, tanto como el estrepitoso fracaso que habían sufrido en las puertas de la casa de la bruja del Inframundo, y al cariz del desarrollo de los acontecimientos, los seres que habitaban en la superficie no se lo estaban poniendo demasiado fácil. 

Mientras esperaba que su señora requiriese de sus habilidades Izk seguía inmerso en sus divagaciones, tanto era así que no advirtió el golpe seco que recibió, haciéndole morder el polvo y desplazándolo por la tierra un par de metros.
El joven hechicero athoriano sonrió con burla cuando vio al mago farfullar medio aturdido en el suelo. La corona de ojos danzarines, resultado de un oportuno hechizo que llevaba en la frente, le hizo ver lo que se ocultaba de todo lo visible.

El athoriano comenzó a conjurar, dispuesto a llevarse como trofeo el asesinato de un Elfo Oscuro por sus manos, y tras recitar pormenorizadamente cada encadenado, en sus manos se materializo un chorro de energía electrizante que salió despedida hacia el objetivo en forma de bolas. Sin embargo, para sorpresa del joven, cuando llegaron a sus destino, el Elfo Oscuro, se desmaterializaron, sin causar el menor daño.
Probó de nuevo suerte mientras su enemigo aun intentaba saber qué había pasado o dónde se encontraba. Se concentró y recitó un nuevo hechizo que hizo que varias fechas incendiadas en fuego incandescente volaran una vez más hacia su enemigo, sin embargo, nuevamente no surtió el efecto deseado, dejándolo indemne.
Tardo unos minutos en comprender que la resistencia natural de esa raza y su poca habilidad innata eran los culpables directos de su nefasto resultado.
Inspiró lentamente y se armó de valor, era posible que no pudiera vencerlo a través de la urdimbre, pero el Elfo Oscuro aun permanecía en el suelo, y él podía terminar el trabajo con la daga que tenía.
Desenvainó y con paso decidido se encaminó hacia él, dispuesto a terminar lo que había empezado.

La supervivencia apeló al instinto del Drow y se reincorporó con la misma rapidez con la que llevo sus manos a los bolsillos de su capa. Tomo un puñado de polvo de zafiro y lo mezclo con la falange de un meñique. Lo lanzó en dirección del sorprendido hechicero que había reconocido las palabras recitadas con exactitud mientras era señalado con su dedo de obsidiana.
De el una especia de energía oscura salió despedida y recorrió el escasísimo espacio que los separaba hasta impactar en el hechicero que absorbió la urdimbre sombría sin causarle el menor daño, las protecciones habían hecho su cometido. Este que esbozó una mueca de autosuficiencia mientras se acercaba a él con la daga desenvainada.

Izk miró alternativamente su dedo y al indemne humano, que ya tenía enfrente, a punto de asestarle la puñalada mortal. Lo miró a los ojos, y su vida pasó fugazmente por su mente. Sabía que ese era el final, aunque habría deseado que hubiera sido un final digno de mención.

Una flecha siseó en el espacio y se hendió con profundidad en el ceño del joven humano que lo frunció en señal de mortecina protesta ante los ojos sorprendidos del mago Drow.
Allí clavado, el Elfo Oscuro solo vio la estela de cabello rojo como las llamas danzantes que se inclinó hasta ponerse en cuclillas frente al cadáver del athoriano.

-Rápido, es mejor sacarle los ojos y arrancarle la lengua.

Izk, aturdido miró al suelo y se encontró con unos labios generosos en una cara elfa de piel blanca y translucida que parloteaban en su idioma.

-No sabes de los que son capaces los míos hasta que no vives con ellos. Los arcanos muchas veces retornan de la muerte.

Yashira arrancó la flecha del cuerpo y la devolvió a su carcaj mientras miraba al Elfo Oscuro con cierta preocupación.

El Drow la tomó sorpresivamente de la cintura, y con un gesto que denotaba impaciencia la atrajó hacia él y con sus delgados dedos le tomo la barbilla para mirarla intensamente a los ojos.

-¿Estás bien Izk?

Izk deslizó su mano hasta la nuca de Yashira, rozando con los dedos su suave mejilla en un gesto intimo y como única respuesta depositó un beso en los labios de la elfa, un beso suave que se convirtió en voraz para luego morir en un susurro.

-Debo irme Eilixys.

Y el mago desapareció imbuido en algún tipo de conjuración de alta esfera ante el suspiro melancólico de la mujer y la mirada airada de Eltharion que había sido espectador involuntario en el encuentro de los dos amantes.
 


Segunda Parte

El semidragón azul chasqueó la lengua cuando se vió acorralado por una docena de Elfos Oscuros, sabía que sería difícil conjurar sobre alguno de ellos y que la dominación surtiera efecto, pero de no ser así su vida habría llegado al final, y sería una gran perdida para la sociedad, pensó.

Mientras mantenía a raya con su enorme espadón el avance de estos, sopesó las alternativas que tenía, y las respuestas que llegaron a él no fueron demasiado alentadoras.

Desvió rápidamente su mirada hacia los flancos en busca de un lugar más propicio y divisó a unos metros de distancia a Drakoon, que luchaba apoyado por unos cuantos gennitas y otro tanto de svensgarianos y supo que debía llegar a el en busca de cobertura, aunque fuera momentánea.
Miró a los Elfos Oscuros que tenía frente a él y señalándolos con el espadón les espetó.

- No lloréis mi marcha, mantened mi adorable imagen en vuestras mentes, así la pérdida no será tan sumamente devastadora y dolorosa.

Corrió como alma que lleva el diablo en dirección al semidragón rojo que emitió un leve rugido cuando olisqueó a su par y supo que no venía solo, pues los Drows lo habían seguido sin ofrecerle una misera oportunidad para la salvación.

Drakoon y Ankh unieron fuerzas imbuidos en sus conjuros, y aunque daban el todo por el todo, se vieron pronto sorprendidos por la potencia del enemigo.

- No me imaginé que moriría con tan desagradable compañía.

Rezongó el “rojo” mientras conjuraba sobre un avezado elfo oscuro que había traspasado las líneas defensoras que habían marcado los gennitas y sevensgarianos que les daban cobertura, conteniendo el avance hasta ellos, para que pudieran lanzar sus hechizos ofensivos.

- Tienes toda la razón, tu muerte a manos de los Elfos Oscuros y rodeado de cadáveres gennitas va a ser de todo menos agradable.

Un conjuro de dominación procedente de Ankh traspasó las defensas naturales de un Drow y este se giró para encarar a sus compañeros y sumarse así a la ofensiva que a duras penas estaban acometiendo.

- Piensa en como salir vivos de aquí lumbreras... – Apuntó el "Rojo"

- De hecho he pensado en algo... pero necesitamos a Artemisa..

- Pues llamémosla...

El rugido de Drakoon y Ankh, se elevó en un crescendo ensordecedor que recorrió como la polvora el campo de combate, hasta llegar a la bruja que junto a Yax, estaban sumidos en medio de una férrea contienda, sumidos en un caos de chirriantes sonidos, y de fuertes olores.

Artemisa levantó la cabeza por encima del barullo en donde se encontraba cuando el rugido llegó a sus oídos, y olisqueó el ambiente, concentrándose en separar los dispares olores que se concentraban donde se hallaba. El hedor a muerte, a sangre, a carne calcinada, a sudor, a llanto. Separo todos aquellos olores que se habían instalado en su pituitaria y entre todos ellos, dio con el olor de los suyos. 

Salió corriendo con sus largas y ágiles piernas, dejando tras de si la estela de su largo cabello blanco como la nieve, que caía en cascada como el rumor y la espuma de las olas. 
Gracias a la premonición, sorteó con acierto todos los adversarios que salían a su encuentro y que dejaba atrás sin importar que estos la siguieran o no.
Ella sabía que debía acudir a la llamada, pero de no ser porque tenía asuntos pendientes con el “azul”, podría haber ignorado perfectamente aquello. De todos modos, si alguien tenía derecho a asesinar al veleidoso semidragón, era ella, pensó, y justificó así su acción.

- Llegas tarde Artemisa... – Dijó Drakoon cuando sintió su presencia antes si quiera de verla sin apartar su mirada y sus conjuros de los Elfos Oscuros que seguían presionando a los sevensgarianos y a los gennitas.

-¡Oh! Date prisa... míralos, necesitamos combinar nuestras tres habilidades heredadas de nuestro linaje.

La bruja abandonó su manto de invisibilidad y se apartó el cabello del óvalo de su rostro mientras observaba la lucha que se estaba desarrollando a escasos metros.
Parpadeó rápidamente cuando entendió lo que Ankh quería hacer, y sonrió ladina.

- Tengo que reconocer que por una vez tu cerebro sirve para algo más que no sea mero adorno.

Artemisa se adelanto junto a Ankh y Drakoon a ambos lados y se colocaron a escasos metros de donde luchaban los gennitas y los svensgarianos codo con codo.
Inspiró lentamente hasta llenar sus pulmones al extremo, de forma que la columna se le curvó ligeramente hacia atrás al hacerlo, y los dos la imitaron. 
Los tres se miraron a los ojos, ojos grandes y fríos como el mejor acero templado, semejantes a los de un reptil, que expresaban cierta burla y desdén por la vida ajena.

Artemisa les guiñó un ojo, y miró hacia el frente para soltar todo el aire contenido en un gesto que le hizo inclinar el cuerpo hacia delante cuando con el aire exhaló un vaho helado que congeló en una mueca forzada los cuerpos que tenía a tiro, unos pocos Elfos Oscuros y unos pocos gennitas y svensgarianos.

Drakoon, sin demorar un segundo la imitó, y concentró su aliento de fuego en todo lo que estuviera helado. Su objetivo no era carbonizar a unos cuantos, si no derretir lo que Artemisa había congelado.
Pronto el hielo dio paso al agua, que corrió como el vino entre todos aquellos que prestaban combate empapando sus botas, o sus cuerpos.

Ankh se dio el lujo de recrearse en su obra y observó divertido la escena, pero cuando sintió que Artemisa y Drakoon iban a destrozarlo allí mismo se encogió de hombros y exhaló su aliento eléctrico hacia el agua encharcada, que como un rayo se deslizó zigzagueante entre todos los que habían sido condenados sin importar si eran svensgarianos, gennitas o Elfos Oscuros.

El profundo olor a cabello chamuscado y a carne calcinada inundó aquella parte de la Garganta de los Condenados donde se encontraban los tres semidragones, rojo, azul y blanco, que se habían quedado solos rodeados de una pila de cadáveres humeantes cuyo nauseabundo hedor era arrastrado por la corriente en espiral de un viento repentinamente frío.



Tercera Parte

La tierra emitió un zumbido, y una fuerte sacudida hizo que muchos perdieran en el equilibrio dando de bruces contra el suelo. El viento se volvió violento, y azotó aquella garganta arrastrando con el tierra y polvo, haciendo que el lugar se volviera cargante y denso.

En un momento dado, ante los ojos de los allí congregados y que no habían cejado en su empeño de seguir empuñando el acero, de seguir derramando la sangre ajena y de seguir luchando por sus vidas, la tierra se resquebrajó abruptamente, y como si de fosas mortuorias se tratase, como nacidos de la atrocidad y la barbarie, emanaron con lentitud de las entrañas de la tierra, esqueletos con viejas armaduras ajadas con aceros dentellados y oxidados, y sombras e incorpóreos oscuros, tan negros como el ónice, que se deslizaban por el suelo. Presencias atormentadoras y emponzoñadas, que habían abandonado su eterno descanso en respuesta a una señal, la de su señor.

Una grotesca y horrible procesión de criaturas que se manifestaban a través de la muerte, y que manaban sin descanso del subsuelo, que parecía querer vomitarlos, se movían con paso lento y tortuoso, sin más sonido que el chasquidos de los huesos pelados, o el chirriante sonido del acero cuando es arrastrado contra la roca. Mientras allí, todos los que luchaban se habían vistos forzados a parar su guerra particular y habían encarado a las presencias atormentadoras que avanzaban con lentitud. Todos ellos, juntos y en común, hicieron frente al nuevo enemigo, sin distinción de raza, fe, dogma o religión, sin más elemento diferenciador que el mero hecho de estar vivos.

Svensgard dio un paso al frente, y se posicionaron en primera línea de combate. Para el resto, parecía que estos tuvieran algún tipo de razón personal para querer encabezar la lucha contra los No Muertos.
Genn apoyó a los svengarianos, y tomaron posiciones similares.
Los athorianos asumieron gustosos el papel de relegados, pues habían tenido numerosas bajas a manos de los Elfos Oscuros y no estaban dispuestos a seguir mermando sus filas. 

Estos últimos, los Drows, por su parte se habían replegado y estudiaban con ojos calculadores que debían hacer.
Retrocedieron sigilosos, aprovechando el desconcierto general, y cuando se sintieron seguros de no llamar la atención, salieron en silenciosa carrera, raudos, hacia la salida de la garganta. Pero cuando se disponían a atravesar la salida los primeros, chocaron contra una barrera de energía invisible, que con un zumbido, como un latido, los lanzó bruscamente por los aires hasta barrer en el suelo ante la mirada atónita del resto de sus compañeros.

Por algún motivo, una extraña fuerza, los mantenía a todos aislados, dentro de una gran burbuja de energía negativa que imposibilitaba la huida, condenándoles a todos a un desenlace.

Los No Muertos se quedaron quietos, inanimados, como estatuas de marmórea piedra.

Una risa se filtró en el ambiente tenso y enrarecido, una risa que parecía metálica y fría, que hizo que todos miraran hacia un punto, lugar de donde provenía aquella insidiosa risotada. 

Allí no había nada, solo tierra. 

Sin embargo, una nube de polvo grisáceo con matices rojizos se arremolinó en una espiral, dejando ver como poco a poco iba tomando forma y nitidez la imagen impía de un descomunal Glabrezu.

Aquel demonio media tanto como cualquier gigante, y su cuerpo parecía estar esculpido en macizo granito, con un cuerpo ancho y musculoso. Sus cuatro brazos estaban terminados en armas naturales: dos en manos provistas de garras y dos en pinzas poderosas. 

La testa de aspecto canino estaba coronada con extravagantes cuernos y su hocico goteaba, cuajado de afilados y puntiagudos dientes. Sus ojos tenían una mirada fría, oscura y penetrante, que denotaba astucia e inteligencia. Pero a diferencia de un Glabrezu normal, el color de sus ojos no era el violeta característico, si no que eran de color ambarino, un brillante ámbar.

La mayoría de los arcanos y los Elfos Oscuros reconocieron rápidamente al Glabrezu, encargados de tentar a los humanos y humanoides para corromperlos.
Sin embargo, y a pesar del desconocimiento del resto en materia demonóloga, todos observaron ese color de ojos tan familiar, que habían visto tantas veces en diferentes criaturas que respondían al mismo nombre, Vorzäak.

- Os dije que este día llegaría– Los miró, y si hubiera podido perfilar una mueca de burla en el rostro del Glabrezu lo hubiera hecho – Pero no imaginaba que aceleraríais tanto el proceso.

Dirigió su mirada hacia donde yacían los cuerpos inertes de Saphiel y Genan, y alzando una mano lentamente estos se levantaron como aquel que es guiado por unos hilos invisibles, como cual titiritero. Los cuerpos lánguidos y pálidos, con la cabeza sin sostenibilidad, como dos títeres, andaron hacia Vorzäak que movía una de sus manos, manejando a los cuerpos reanimados.

- Una vez más, dais muestras de porque no se os debe perdonar, y de la razón de que yo este aquí. A pesar de que os han mostrado vuestros pecados, os habéis regodeado en ellos y no habéis sabido frenar, ni los unos, ni los otros... Pero no temáis, la hora ha llegado, y conmigo, volveremos todos juntos a los orígenes.

Aquellas palabras fueron la sentencia que los No Muertos parecían estar esperando, y como activados por un mecanismo de cuerda, reanudaron la funesta marcha, y entraron en combate con Svensgard que los esperaba ya con el acero desenvainado.

El problema más acuciante residía en los recién reanimados Saphiel y Genan que conservando intactas sus cualidades y dones, se habían convertido en un enemigo formidable y letal.

Athoran hizo frente a su Reina pues la Magia oscura y corrupta solo se podía combatir con Magia.
Y Genn, desistió del apoyo a Svensgard para poder hacer frente a sus propios problemas, Genan, a quien le debían que su cuerpo descansara eternamente y no fuera corrompido como lo estaba siendo.

Svensgard estaba solo en esto.

El choque fue brutal, y todos, sin excepción, se vieron abocados a la lucha, ya no por salvar al vecino, si no por salvar sus propias vidas, que estaban al borde de la misma extinción.

Vorzäak desenvainó un enorme hacha doble, cuyas hojas afiladas irradiaban una luz brillante y potente, de la que dicha emanación se podía decir que no era ni buena, ni mala, solo era energía en estado puro.

Varios svensgarianos le salieron al paso, dispuestos a hacer frente a Vorzäak, altamente motivados, y además, conscientes de las pocas probabilidades que tenían frente a él. Sin embargo, aquel hecho no mermaba su espíritu o capacidad de lucha y con un semblante de determinación perfilados en sus rostros se entregaron a prestar el último combate.

Köranha imprimió un spring y corrió velozmente hacia el enviado, dio un salto en el aire y con el mismo impulso del ritmo de su cuerpo, interpuso los pies por delante de ella sobrevolando el espacio que le separaba de su objetivo. Sus pies impactaron con fuerza en el pecho del Glabrezu, que no se desplazó ni un milímetro ante el golpe, y cayó grácilmente s sus pies, sobre una rodilla,

Este, movió con sorprendente agilidad su hacha de filo doble, describiendo un semi circulo vertical, desde arriba hacia abajo, ejecutando con precisión una ofensiva contra ella.
Köranha, se impulsó con la rodilla hacia la derecha y se dejó caer sobre su cuerpo, para poder rodar velozmente y salir de la zona de alcance del enviado. El hacha de filo doble, le rozó en sus descenso mortal un hombro, abriendo su fina carne, mientras esquivaba el golpe y lograba ponerse a salvo.

Se levantó rauda, en posición defensiva. Llevó una mano a su hombro lesionado, y lo presionó mientras manaba de el la sangre. Si aquello le dolía, no gesticuló ninguna mueca de dolor, sino que se concentró en su único objetivo, más allá del dolor.

Ethranion Nevlaní aprovechó el ataque de su compañera, para sumarse a el, y unir fuerzas. Empuñó su enorme espadón y lo levantó sobre su cabeza, sosteniéndolo en el aire en posición ofensiva. Adelantó un pie, y con un giro sobre si mismo, como si se tratase de un eje invisible, hizo girar como una peonza su cuerpo junto al acero, describiendo en el aire un hélice perfecto, al que le aportó velocidad y fuerza, cuando supo que impactaría contra el Demonio.
La hoja del espadón se hendió ligeramente en uno de los brazos acabados en pinzas, pero la herida superflua que le había lacerado el brazo se cerró, sin más muescas que las que el propio Ethranion hizo con su cara al ver que su ataque no había dado resultados. 

El brazo de Vorzäak provisto de garra, bajó con brutalidad hacia la cabeza del bárbaro dispuesto a aplastarlo allí mismo, Ethranion sabía que no era lo suficientemente rápido como para salir de la trayectoria del golpe, y así esquivarlo, pero lejos de achantarse, afianzó sus piernas en la tierra, con una ligera flexión de las rodillas, y alzó en horizontal su espadón sobre su cabeza, para interceptar el golpe.

El brutal ataque hizo que Ethranion concentrara toda su fuerza en asimilar el golpe y contrarrestarlo, pero debido a la potencia y empuje del choque, solo pudo interceptarlo con su espadón, y absorber la inercia de la fuerza empleada en el asalto por su enemigo a través de la flexión de sus rodillas que actuaron como un muelle o resorte. 

Ethranion sabía que debía aguantar a toda costa la presión implacable que ejercía Vorzäak con su brazo en forma de garra sobre su empuñado e interpuesto espadón, pues de lo contrario, el Glabrezu acabaría aplastando a su víctima, él.


***

Dos sombras se fueron materializando tras Vorzäak, dos manchas oscuras en movimiento a escasos metros de él, que fueron tomando nitidez y consistencia mientras avanzaban raudos hacia su objetivo. 
Primero se dibujó el perfil de sus armas desenvainadas, dagas de uno y estoques de otro, a ambas manos. A medida que se acercaban revelaban más secretos de su anatomía, como el color de sus ropajes, o la raza a la que pertenecían.

La velocidad con la que corrían y el fluido estilo de sus movimientos reveló más que una mera imagen, y el casi inexistente sonido de sus botas al pisar la tierra confirmaban las sospechas. Eran dos elfos. 

Al llegar a un metro de distancia, los elfos se inclinaron y posaron una rodilla al suelo, que con el empuje de la carrera los hizo deslizarse por la tierra con sendos brazos dispuestos a la ofensiva hacia los cuartos traseros de Vorzäak.

Zax, invirtió las empuñaduras de sus estoques, haciéndolos girar en el aire, para que sendas puntas coincidieran y concentraran todo el envite en un solo golpe, hacia la articulación posterior de la rodilla derecha.

Vasari, levantó la diestra empuñando su daga a la altura de su visión, y la otra, en la siniestra, imitó la posición, pero desde el lado anverso, formando una cruz con las hojas de sendos aceros, dirigidos al cuarto trasero izquierdo del Glabrezu.

El impacto conjuntado de ambos ataques hizo que Vorzäak se tambaleara en toda su estatura, y girará de un salto, haciendo que la tierra emitiera un quejido, y un pequeño terremoto acompañó al lamento. Antepuso con sorprenderte agilidad su hacha de filo doble para protegerse de aquello que lo había atacado.

Y Aunque aquel ataque había lacerado sus extremidades haciéndolo sangrar, las heridas se cerraron rápidamente dejando tan solo un rastro de costra de sangre seca como un vago recuerdo.

Etharnion aprovechó que la criatura lo había dejado libre, para echar su poderoso brazo hacia atrás y con una fuerza descomunal, lo llevó hacia adelante con intención de hundirlo tan profundamente como pudiera. El espadón siguió la línea recta que el bárbaro había imprimido, pero su hoja, tan solo atravesó ligeramente la pies de el enviado, quedando tan solo hendida la punta, ante la expresión ceñuda del svengariano.

Una ráfaga de aire y una silueta que pasó junto a él, es lo único que vio Etharnion cuando sitió que dos pies, golpeaban su empuñadura con fuerza, hasta hendir el espadón más profundamente en la carne del Glabrezu, que por primera vez, soltó un gruñido.
Köranha cayó a su lado, justo para ver como eran ambos despedidos por los aires, al recibir un brutal golpe de uno de los potentes brazos de Vorzäak que los dejó semi inconscientes y muy mal heridos.

Zax miró a Vasari, y este asintió con seriedad, mientras ambos envainaban sus aceros.
Observadores retrocedieron unos pasos, esperando que el Glabrezu se dispusiera a quitarse el espadón del cuerpo del que sabían por experiencia que la herida sanaría. Debían probar una última cosa.

Cuando este se concentró en dicha tarea, ambos elfos salieron nuevamente a la carrera, cada uno desde un flanco, y al llegar a su altura, ambos dieron un ágil salto hasta alcanzar con sus manos sendas pinzas, para luego girar en en el aire en una magistral pirueta y posarse con la punta de los pies como si fueran prestidigitadores sobre dichos brazos.
Con rapidez desenvainaron un acero, y atacaron al unisono los ojos de Vorzäak con objeto de cegarlo para luego volver a saltar en un mortal hacia atrás hasta la tierra y correr lejos de su alcance.

El Glabrezu recibió el ataque de sorpresa, y sus ojos quedaron cegados, sin embargo, lejos de toda lógica Vorzäak comenzó a reírse de forma estruendosa. Carcajadas llenas de burla y menosprecio que minaron el espíritu de muchos, sobre todo, porque nuevamente la sangre se secó para dar paso a unos ojos grandes e inteligentes, cargados de viveza, de aquel que se siente vencedor.

- ¡Traed las pruebas de una vez! - Gritó Zax – ¿A qué demonios estáis esperando?

Las palabras del elfo recorrieron como la pólvora las filas de Svensgard, y el murmullo acompañó a la risa delirante del Glabrezu.

Thraluril-ull, archimago de Svensgard apareció de la nada como si siempre hubiese estado allí, junto al pequeño Yaxar que portaba la rosa que descansaba bajo la cúpula de cristal.
Miró al pequeño, y sin saber muy bien lo que hacer, lo empujó con suavidad con la ayuda del bastón hacia delante.

-Tu eres la prueba de amor entre Genn y Athoran, y portas la prueba de amor entre un Elfo Oscuro y un Elfo de la superficie. Haz lo que debes, y dale a mi pueblo lo que por derecho le corresponde.

Y lo dejó solo ante su incierto destino, frente a la mirada de todos y el alcance de Vorzäak.

By: DM Nana
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